Sobre la libertad de expresión

Por Juan Bolívar Díaz

Que 68 periodistas y articulistas  de diferentes  medios de comunicación hayan suscrito, de un día para otro, una denuncia de presiones, intimidaciones, calumnias y recriminaciones, como parte de una ofensiva que estiman tiene el objetivo de reducir la libre expresión en el país, debería ser objeto de reflexiones y consideraciones profundas.

No basta la declaración del ministro de la Presidencia en el sentido de que el presidente Leonel Fernández es respetuoso de la disensión y que ha tenido iniciativas legislativas para protegerla, las cuales llevan años entre comisiones y archivos. Eso no está en discusión. Este gobierno no es autor del clima de libre expresión que vivimos en las últimas décadas, pero lo ha respetado.

Lo que se ha denunciado es que altos funcionarios y dirigentes del partido de gobierno mantienen una ofensiva contra los comunicadores más críticos, de la que participan comentaristas pagados por diversas instancias de un gobierno que se ha caracterizado, eso sí, por cooptar una alta proporción de los periodistas, comentaristas y articulistas de todo el país. La última vez que se supo su cuantificación, la Red de Comunicadores con Leonel agrupaba a casi dos mil.

En honor de muchos de ellos y de la inmensa legión de más de un millar en las nóminas de relaciones públicas de los diversos organismos del Estado y de los cientos que son beneficiados con la generosa publicidad oficial, hay que decir no se han puesto al servicio incondicional del gobierno, aunque por lo menos  se han visto obligados a reducir la criticidad, característica fundamental de la libertad de expresión. Gran parte  han sido empujados a la nómina porque sus bajos ingresos no les permiten sobrevivir.

La preocupación no es porque creamos que vaya a desaparecer la libertad de expresión, imposible en esta época del Internet. Eso sólo fue posible durante la tiranía de Trujillo en las primeras décadas del siglo pasado, cuando al país llegaba un reportero internacional cada seis meses y nadie se atrevía a acercársele. Tan pronto cayó ese régimen, recobramos el derecho a la palabra y desde entonces nadie nos lo ha podido arrebatar. En los doce años de Balaguer se hicieron muchos esfuerzos, pero los comunicadores dominicanos lograron preservar la libertad, con una cuota de sangre.

Fue por lo que esa etapa no pasa a la historia dominicana como otra dictadura. Las demás libertades fundamentales estuvieron coartadas o francamente eclipsadas. El asesinato político era cotidiano, había cientos de presos políticos y miles de exiliados impedidos de volver al país. No había libertad sindical, de reunión ni de manifestación y, hay que recordarlo, se llegó a prohibir que emisoras y televisoras retransmitieran las voces de Juan Bosch, Francisco Peña Gómez y Rafael Casimiro Castro.

Ni pensar que estemos en una tesitura parecida. Pero una serie de hechos de dominio público, incluyendo artículos y declaraciones de altos funcionarios, dirigentes del partido de gobierno y activistas pagados conforman una ofensiva encaminada a intimidar y reducir el espacio libertario. Aparte están los correos electrónicos insultantes y los comentarios intimidatorios que se formulan por diversos medios.

El presidente del Senado y secretario general del partido oficial, Reinaldo Pared Pérez, denunció esta semana como mezquinos, a quienes no apoyan la propuesta del presidente Leonel Fernández para una cruzada contra la especulación internacional en los precios del petróleo y los alimentos, cosa que él no puede lograr ni siquiera en este pequeño mundo de 10 millones de habitantes y 48 mil kilómetros cuadrados.

Para colmo, el mismo Pared y la cúpula peledeísta cerraron la semana avalando la demanda de Euclides Gutiérrez contra la periodista Nuria Piera porque se atrevió a denunciar que ese modelo de político y ciudadano debía 70 facturas de energía eléctrica a un ente estatal por más de 3 millones de pesos. Apenas un mes después que el presidente Fernández dijo que este año habrá que subsidiar la energía con mil millones de dólares. Aunque anunciaron que desisten de la intimación a los anunciantes de Piera, que es una intimidación contra todo el periodismo independiente.

Hay razones de sobra para denunciar la intimidación, las presiones públicas y privadas, y los insultos a los comunicadores dominicanos.

 

Apoyemos los esfuerzos de Melanio

Por Juan Bolívar Díaz
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La inmensa descomposición social y el deterioro institucional que afecta a la sociedad dominicana acaparan tanto la atención que con frecuencia descuidamos expresar apoyo a esfuerzos positivos que se realizan en múltiples sectores, como los que lleva a cabo el Ministerio de Educación, encabezado por el profesor Melanio Paredes y un notable equipo técnico profesional.

Se trata de implementar un nuevo Plan Decenal de Educación con metas precisas y el objetivo de comenzar a superar los atrasos que mantienen a los dominicanos con un promedio educativo de apenas séptimo grado, además de una calidad tan deficiente que nos coloca en los últimos tres o cuatro peldaños en las evaluaciones internacionales, como las del Foro Económico Mundial.

Melanio Paredes no trata de ocultar esa realidad, las ha reconocido, como lo hizo el pasado 24 de febrero en el almuerzo semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, cuando volvió a tener el valor de reclamar a su Gobierno el compromiso legal y moral del financiamiento a la educación como primera prioridad nacional.

Dijo que le faltan este año por lo menos 6 mil millones de pesos para poder cumplir las metas planificadas.

Espera convencer a los funcionarios responsables del gasto y la inversión para construir decenas de miles de aulas para completar la cobertura y reducir a un máximo de dos tandas a una alta proporción de planteles que tienen tres a costa de la reducción del horario.

Se hacen  esfuerzos por incorporar a padres y tutores al proceso educativo, por un mayor compromiso del profesorado con horarios y calendario, por una limpieza de las nóminas, por la preservación del patrimonio de las escuelas públicas, por el rendimiento de maestros y alumnos, además de la revisión de programas y textos.

Una de las gestiones que debe ser apoyada es la revisión de la nómina, lo que ha permitido detectar que unas tres mil personas han estado cobrando por años sin trabajar.

En unos casos verdaderas botellas, en otros muchos maestros y empleados que han desertado, hasta para emigrar al exterior, pero han seguido recibiendo salarios, a menudo con la complicidad de supervisores. El pago de los sueldos a través de los cajeros electrónicos ha hecho más difícil el control que cuando los empleados tenían que procurar personalmente su cheque mensual. La cancelación de muchos de esos cargos ya ha originado denuncias y protestas y poco apoyo, debido al nivel de legitimación o de tolerancia que hemos desarrollado frente al fraude y el robo en todas sus expresiones.

Las supresiones tienen que proseguir aunque con canales de apelación y disposición a rectificar en los casos de exceso de celo que se puedan verificar, por ejemplo con maestros o empleados realmente enfermos o ya incapacitados para la docencia.

Se saber que miles deberían haber sido pensionados, pero el presupuesto de Educación no alcanza para “esos lujos”, aunque cada año cientos de personas que no trabajan para el Estado, incluyendo renombrados artistas y periodistas, son pensionados por el Poder Ejecutivo con sumas de hasta 50 mil pesos mensuales.

Educación hace esfuerzo también -¡asómbrense!- por preservar el escaso patrimonio técnico de las escuelas, sometido al robo sistemático.

Se llevan las computadoras, televisores, inversores de energía y baterías, porque los policías no alcanzan para vigilar las escuelas, ya que tienen que cuidar las fincas, casas  y negocios de los potentados.

El pasado miércoles fueron robadas las 19 computadoras y 9 cargadores de la Escuela Florinda Soriano del sector Valle Encantado en Los Alcarrizos. Un programa de innovación educativa de 100 millones de pesos, a desarrollarse en  600 planteles ha estado frenado por el robo de los televisores plasma gigantes.

Como ven es mucho el respaldo que precisa el ministro Paredes, tan sólo para iniciar la tarea regenerativa del proceso educativo que tiene muchos aspectos más que los enunciados en este artículo.-