Con el espíritu de la Navidad

Por Juan Bolívar Díaz

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Para todos los que creemos con certeza en los valores espirituales del cristianismo, la Navidad ha sido siempre un período de recogimiento e introspección, aún sin separarnos de las fiestas y comilonas a que algunos limitan la celebración. Debemos estar en nuestra realidad social, insuflándole algún grado de solidaridad, atendiendo precariedades circundantes, pero sobre todo proyectando remediar el desorden social, político y económico.

El mandato fundamental del cristianismo no es el abrazo circunstancial, ni la agarradera de manos dejando fuera los espíritus, sino tratar de amarnos los unos a los otros, lo que implica sensibilidad para comprender que el mundo que hemos construido es profundamente injusto y excluyente, por lo que estamos compelidos a trabajar por su transformación, para que quepan los sueños y necesidades de todos.

En esta víspera de la Navidad quiero respaldar el llamado del compañero Rafael Toribio, en su tradicional reflexión navideña, quien tras retratar parte de la descomposición en que se debate nuestra sociedad formula una apelación a “mantener la esperanza cuando la realidad presiona para perderla, mantener las dignidad en los fracasos y las adversidades”.

Es obvio que nuestro querido amigo está desafiando a los que tienen consciencia de que esta tierra precisa de sembradores y constructores, pero no del simple cemento y el asfalto, sino de las rutas que conducen a la liberación de los seres humanos, rompiendo las cadenas de la ignorancia, de la exclusión, de la discriminación y la postergación. Nos convoca a no dejarnos amilanar por el diagnóstico que nos sitúa en ruta de la desintegración social, por el desguañangue de nuestras instituciones, la proliferación de la violencia y la delincuencia, por la corrupción y su correlativo imperio de la impunidad y la complicidad, por el progresivo abandono del imperio de la ley y la imposición del más fuerte o audaz.

Como actor importante de la generación de los sesenta, Rafael conoce de todas las luchas y agonías por transformar la sociedad que recibimos de la más larga tiranía, de los avances y de los dolorosos retrocesos, por eso rechaza las deserciones y reclama mantener la dignidad, es decir no morder silencios y complicidades ni dejarnos vencer por las ofertas de quienes pretenden mercantilizarlo todo. “Y qué ha de ser de la vida si los que cantan no levantan su voz en las tribunas”…

Esta sociedad necesita con urgencia reducir la proliferación y el uso de las armas de fuego, pero también reordenar el tránsito terrestre que cobra más vidas, restablecer el imperio de la ley, frenar la impunidad, revalorizar la política rescatándola del pragmatismo salvaje en que ha caído, convertida en mercantilismo desenfrenado.

Necesitamos una verdadera y profunda transformación de la educación, que comience por exorcizar las manipulaciones históricas que han enraizado el despojo, la violencia y el crimen, la imposición, el abuso de lo colectivo, la burla de la ley y hasta el racismo en el alma de los dominicanos y dominicanas, que en gran proporción no se aceptan orgullosos de sus herencias culturales provenientes de la negritud y la mezcla de razas. Estamos invitados a hacer un alto en estos días para recuperar el espíritu de la Navidad y prometernos rechazar no sólo la violencia física, la corrupción y el despojo, sino también la violencia verbal, el discurso del odio, de la discriminación y la exclusión que lamentablemente se vierte hasta en los medios de comunicación y las redes sociales electrónicas.

La Navidad es para construir solidaridad y sembrar esperanzas.

El desastroso sistema de salud

Por Juan Bolívar Díaz

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La epidemia de dengue, que según una fuente de alto nivel había cobrado 145 vidas hasta el 7 de noviembre, desnuda de cuerpo entero el inconcebible desastre del sitema público de salubridad, situado entre los más ineficientes del continente en los parámetros de la Organización Panamericana de la Saludo (OPS), una de cuyos expertos pegó aquí en estos días un grito que merece ser considerado y ponderado en todo su dramatismo.

Los medios de comunicación recogieron el lamento expresado el 3 de noviembre por la doctora Anabelle Alfaro, veterana consultora de la OPS, a propósito de los estragos que causa el dengue, enfermedad de tratamiento primario; “una de las cosas que no he podido hacer en mi vida es lograr que aquí se baje la mortalidad. Yo espero no morirme sin ver este sueño realizado, sinceramente. Tengo tantos años de venir aquí, y cada vez que vengo me voy más triste”.

Ella y cualquier experto tiene que alarmarse por la alta incidencia que el dengue mantiene en el país, sobre todo por el inaceptable incremento de este año, tan alto que al pasar de 97 víctimas mortales a principio de octubre, las autoridades de Salud Pública optaron por suspender durante tres semanas la entrega de los boletines epidemiológicos. Lo siguiente fue realizar una auditoría a partir de 116 fallecimientos admitidos. La revisión individual de los expedientes les permitió descartar que 25 fueran por dengue y otros 13 porque no había información disponible que les permitiera una conclusión cierta.

Una fuente de alta confiabilidad afirmó que al 7 de noviembre los reportes de afectados por el dengue llegaron a 12,221 personas, 862 más que las 11,259 del último reporte oficial. De esos casos, 1,234 fueron catalogados como graves, y 10,987 no graves, con un total de 145 decesos atribuidos al dengue en los reportes de todo el país.

Pero fueran 116, 78 ó 145, en 10 meses y una semana, como quiera se trata de un incremento grave en relación a los 58 de todo el 2014. Y revisando las estadísticas se puede advertir que el descuido es recurrente, pues de los 12,119 infectados en el 2010, un año después se redujo a solo 2,342. En el 2012 volvió a dispararse hasta 9,484 casos, hasta la más alta tasa, 16,850 en el 2013. El año pasado cayó a 6,273 infectados.

El dengue es solo una muestra del desastre, ya que también hay altas incidencias de muertes por cólera, tuberculosis, maternas e infantiles, de las mayores en la región, prevenibles en los modernos sistemas sanitarios. Las causas están diagnosticadas hace muchos años y de ahí la frustración de la doctora Alfaro: escasa inversión y que prioriza la construcción física, lento y pobre suministro de medicamento y equipos, anárquica ejecución, excesiva centralización, deficiencia del personal médico, incapacidad para delimitar la asistencia primaria de la de los especialistas, fallas de prevención y en vigilancia epidemiológica.

Nadie ha podido explicar cómo el Gobierno se embarcó en la remodelación de 52 hospitales a la vez, gran parte de los cuales llevan años semiparalizados, mientras solo la del Darío Contreras consumió 1,700 millones de pesos, aunque se planificó por 860 millones. Tampoco se explica cómo mantienen moribunda la red hospitalaria del Instituto Dominicano de Seguros Sociales, organismo que hace tiempo ha quedado sin brújula y al garete.

El desastre de la salud pública es similar al que durante décadas ha afectado al sector educación, que apenas se empieza a enfrentar porque la sociedad lo impuso tras años de lucha. Habrá que levantar una campaña similar por la salud. Otra experta de la OPS, Laura Ramírez, recordó el martes que ese organismo recomienda invertir en salud por lo menos el 6 por ciento del PIB. La República Dominicana se queda alrededor de la tercera parte y gastamos mal, desperdiciamos y robamos, mientras permitimos que sigan vendiéndose medicamentos falsos por 1,500 millones de pesos al año, como se denunció esta misma semana. ¡Ofrézcome!

 

Monumento al emigrante heroico

Por Juan Bolívar Díaz

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Ni los economistas ni los comunicadores ni los políticos dominicanos han ponderado nunca suficientemente lo que han representado y siguen significando los aportes de los emigrantes dominicanos, alrededor de millón y medio que tuvieron que abandonar el país en el último medio siglo en búsqueda de empleos, capacitación y vida, de la esperanza que perdieron en sus posibilidades de desarrollo dentro de la geografía nacional.

A ellos se les ignora al ponderarse cuando el crecimiento y la estabilidad económica nacional de los últimos 60 años, y mucho más cuando se trata del progreso material, del relativo mejoramiento de las viviendas y de la urbanización, del progreso visible en las urbes dominicanas, aunque carezcamos de alcantarillas, y en calidad de servicios básicos, como agua potable, electricidad, educación y salubridad sigamos en la pre modernidad.

Sólo en generación de divisas, las remesas de los residentes en el exterior ascendieron el año pasado a 3 mil 488 millones de dólares, proyectándose sobre 4 mil millones para este 2015, ya que al cierre del tercer trimestre, el Banco Central las cuantificaba en 3 mil 734 millones de dólares. Si se les suma lo que esos emigrantes traen personalmente en regalos y efectivo y sus envíos de mercaderías y alimentos, es posible que alcancen el aporte del principal sector económico nacional, el turismo, que este año sobrepasará los 5 mil millones de dólares, 4 mil 280 en el 2014.

A diferencia del turismo, las remesas no reclaman nada incluido, ni alimentos ni bebidas, ni comisiones ni pagos en el exterior. Tampoco requieren inversiones ni costos financieros de infraestructuras. Son un aporte neto, democrático e inclusivo, que se desparrama por toda la geografía nacional, alcanzando a los segmentos más pobres, mejorando sus viviendas y condiciones de vida.

Sólo hay que pensar lo que hubiese sido de este país sin los más de 30 mil millones de dólares que han remesado en los últimos diez años los dominicanos y dominicanas que se fajan en el exterior, que trabajan horas extras a menudo en los peores empleos, para enviar sus remesas sin importar las oscilaciones de la economía internacional, aún cuando son adversas.

!Oh ironías de la vida! Aquellos que esta sociedad ha expulsado por no haberle podido proporcionar un empleo y calidad de vida, se han convertido en su tabla de salvación. Pero al mismo tiempo son ignorados a no ser por los políticos en campaña electoral que les requieren financiamiento y votos.

Para colmo, los funcionarios diplomáticos y consulares sólo los ven como fuente de explotación, cobrándoles altísimas tarifas para cualquier servicio. Y muchos de sus compatriotas los tratan con desdén, se burlan de sus nuevos ingredientes culturales, los catalogan como narcotraficantes y prostitutas y hasta los discriminan si se trata de alquilarles dentro de un condominio. No quiera nadie que le llamen dominicanyork o dominica-española.

Alguna vez tendremos que hacerle un monumento al emigrante heroico y reconocer que ellos son parte fundamental de la dominicanidad. Aún los que quedan atrapados fuera viviendo de añoranzas y nostalgias o acariciando hijos, nietos y bisnietos.

Los encontramos por todas partes del mundo, nos salen al abrazo en el Alto Manhattan, en la Gran Vía y en La Rambla, y hasta en los bares centroamericanos, las plazas del sur profundo o en el rincón menos esperado del mundo.

En diciembre, cuando vuelvan por decenas de miles a reencontrarse con los suyos y lo suyo, digámosles que somos la misma carne e idéntico espíritu, que valoramos a los emigrantes como lo más importante que hay sobre la tierra, los seres humanos.

Silvio Antonio Herasme Peña

Por Juan Bolívar Díaz

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El Caonabo de Oro del Periodismo entregado al colega Silvio Antonio Herasme Peña por la Asociación Dominicana de Periodistas y Escritores es un acto de justicia a uno de los más relevantes miembros de la generación periodística de los sesenta, que emergió tras la caída de la tiranía de Trujillo, pues es imposible pasar balance al ejercicio de esta profesión del último medio siglo sin registrar sus aportes.

Fue de los primeros que se inscribieron en la escuela de periodismo abierta en la primavera democrática, cuando la Universidad de Santo Domingo obtuvo su autonomía, como parte de los combates contra los remanentes del trujillismo. No necesitó completar los estudios universitarios para mostrar sus credenciales de reportero investigador, incorporado por don Rafael Herrera a la segunda vida del Listín Diario iniciada en 1963.

Silvio Herasme fue de los periodistas que militó en defensa del gobierno constitucional y contra los golpistas del 63, por lo que no sorprendió que estuviera en la trinchera del honor y la dignidad nacional en 1965, aunque tanto el Listín Diario como El Caribe, suspendieron sus ediciones. Laboró en el departamento de prensa del gobierno Constitucionalista de Francisco Caamaño, y le tocó escribir comentarios para la emisora Constitucionalista.

Fue de los primeros diez dominicanos que culminaron la licenciatura en Comunicación Social, en 1966, pues muchos avanzaron pero quedaron esclavos del exigente trabajo periodístico, y otros dilataron la presentación de la tesis profesional. También fue de los primeros que hizo cursos de especialización en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América Latina (CIESPAL), en Quito, Ecuador. Así mismo fue pionero en especialización en asuntos económicos.

Su explosión profesional la alcanzaría en El Nacional de Ahora, cuando ese periódico y las principales emisoras radiofónicas encarnaron la dura lucha de la sociedad en los sesenta y setenta para evitar que la nación volviera a la noche oscura de la tiranía y la opresión. Pasó de reportero a editor económico y luego a Jefe de Redacción.

Tras el penoso conflicto que rasgó a El Nacional pudo encontrar apoyo y dar a luz al vespertino La Noticia en 1973, que también escribiría relevantes capítulos en defensa de las libertades públicas y los derechos sociales, políticos y económicos de los dominicanos. Durante los 13 años que estuvo como su principal accionista y director, en Silvio siempre pudo más lo profesional que lo empresarial. Allí encontraban cobija todos los reclamos sociales, políticos y y sindicales, y ese periódico, junto a El Sol, que me tocó dirigir entre 1977 y 1980, estuvo vinculado a las luchas por la democracia, a la denuncia de la corrupción, y a la defensa de la soberanía nacional, entonces bien limitada.

Me tocó concertar con Silvio batallas periodísticas, por la libertad de expresión, las libertades públicas y los derechos humanos, por los principios democráticos y el respeto a la voluntad popular, en esos años de la transición democrática. También la recuperación de 38 millones de dólares que la Gulf and Western tuvo que entregar al Estado, a través de una fundación creada al efecto y la que culminó en la nacionalización de la explotación de la mina de oro de Cotuí, por valiente decisión del presidente Guzmán.

Como a tantos periodistas en la historia, la diplomacia sedujo a Herasme, reduciendo su labor profesional, pero la nación ganó un digno representante cuando fue embajador en Haití, Colombia y Uruguay, entre 1997 y 2008, ejerciendo su responsabilidad sin convertiré en sectario propagandista político.

He celebrado este justo reconocimiento en plenitud de vida al compañero Silvio Herasme, quien ha sabido desafiar opresores, represores y concentradores, lo que le costó una abusiva prisión de 7 días en 1974, junto a Huchi Lora. Soldado de una etapa luminosa del periodismo dominicano, que a menudo añoramos.

Se imponen los esfuerzos de concertación con Haití

Por Juan Bolívar Díaz
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El diálogo dominico-haitiano reiniciado esta semana con la reunión en Barahona de los dos presidentes de la isla se corresponde con una creciente convicción de que no hay mejor alternativa para solucionar los diferendos que afectan las relaciones entre las dos naciones de la isla.

Se requieren mayores esfuerzos para evitar que los radicales sembradores de odios y confrontaciones aborten la decisión del presidente Danilo Medina de reabrir el diálogo binacional, alentado en los últimos días por sectores empresariales, sociales y religiosos convencidos de que se impone la racionalidad en las relaciones binacionales.

Inicio de la distensión. La reunión del pasado martes 13 de los presidentes Danilo Medina y Michel Martelly marca el inicio de la distensión diez semanas después que el Gobierno dominicano rechazara la mediación de la Organización de Estados Americanos en los diferendos migratorios entre los dos países.

La tensión se agravó a mediados de septiembre cuando el Gobierno haitiano dispuso que 23 productos de exportación dominicanos solo entren a su territorio por vía marítima o aérea.

La reunión se extendió por cerca de cuatro horas, durante las cuales se acordó la normalización de las relaciones diplomáticas. Haití nombrará nuevo embajador y el dominicano, Rubén Silié, retornará a Puerto Príncipe. Se pactó también abordar las relaciones comerciales en un plazo de 15 días, dentro del cual habría una reunión de ministros y directores de aduanas. El Presidente dominicano quedó invitado a Puerto Príncipe, dependiendo del avance en las negociaciones.

Los más radicales se han alarmado porque en ese primer encuentro no se lograra el levantamiento de la restricción a las exportaciones dominicanas por tierra, algo muy difícil que ocurra antes de las elecciones presidenciales haitianas programadas para el próximo domingo 25, ya que allá, como aquí, la confrontación no está despojada de intencionalidad de lograr cohesión interna y apoyo político. Podría depender de cómo le vaya al candidato que apoya el presidente Martelly y si hay segunda votación el 27 de diciembre.

Habrá que negociar. Los haitianos están conscientes de haber tocado un punto sensible para los dominicanos, como es el comercio, en el cual ellos solo pueden aspirar a reducir desventajas, poniendo en vigencia un acuerdo previo sobre cuestiones aduanales, al que se comprometieron, o buscando mayores recaudaciones de unas exportaciones dominicanas que en lo formal montaron a unos 1,400 millones de dólares el año pasado, y otros tres o cuatrocientos millones más en la informalidad de los mercados binacionales.

Los empresarios de Haití han dado firme apoyo a las restricciones al comercio dominicano, por un lado alentados por intereses propios de importaciones de otros mercados y por interés de que los dominicanos compensen la enorme disparidad, pues ellos solo vendieron al país el año pasado por unos 10 millones de dólares en el mercado formal. Se conocen quejas por restricciones a productos haitianos como rones y cervezas que podrían tener mercado en el país, en particular entre los inmigrantes haitianos.

Tampoco se puede ignorar que entre las peticiones haitianas acogidas en la reunión del martes 13 figuró la de una “mayor ponderación” en las repatriaciones de inmigrantes. Han reclamado la revisión de un protocolo para las deportaciones acordado en 1991, lo que ha rechazado el Gobierno dominicano, atado al discurso soberanista, adoptado por gran parte de los funcionarios y el partido de Gobierno y de la opinión pública nacional.

En cualquier caso era iluso pretender que la restricción a las exportaciones fuera levantada tan simplemente en una reunión cumbre, sin previas negociaciones, aunque el mandatario haitiano deleitara a los concurrentes con su histrionismo de cantante popular.

No pelear con buen cliente. Recientemente Juan Vicini Lluberes, uno de los promotores del Consejo Económico Binacional Quisqueya, que planifica multimillonarias inversiones en la frontera, lanzó la toalla a las autoridades de Haití, al expresar su comprensión de que ellas pretendan mayores recaudaciones de un comercio tan favorable a los dominicanos. Y esta semana otro gran empresario, Pepín Corripio, advirtió que “no es inteligente pelearse con un buen cliente”.

Aunque visualiza las limitaciones políticas, y considera desafortunada la restricción haitiana, Corripio plantea que “la única solución, para no ser utópico, a pesar de que hay oposición a ello, es seguir hablando con el Gobierno haitiano para que nos digan qué es lo que verdaderamente quieren”, consciente de que en toda negociación hay concesiones.

Fuentes bien informadas aseguran que el presidente Medina entiende la necesidad de retomar el diálogo con Haití por encima de la algarabía de los radicales nacionalistas que pregonan la confrontación. El escenario internacional también lo recomienda. La próxima semana la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) celebra aquí un evento sobre integración regional, sin que garantizaran la participación de la Comunidad de Estados Caribeños (CARICOM) que reúne 14 países, incluyendo a Haití.

Para tener éxito cuando en enero el país asuma la presidencia de la CELAC, habrá que mejorar las relaciones con el bloque caribeño, lo que pasa por un diálogo constructivo con Haití. Más porque en mayo sesionará aquí la Asamblea de la Organización de Estados Americanos.

La Iglesia alienta el diálogo. Inspirados en la exhortación que les hizo el Papa Francisco en su reunión de mayo pasado, los obispos dominicanos vienen asumiendo la defensa del diálogo y la solidaridad entre los dos países de la isla. Primero lo hizo la Comisión de Pastoral Migratoria de la Conferencia del Episcopado Dominicano, luego los obispos de Santiago, San Francisco de Macorís y San Juan de la Maguana, Freddy Bretón, Fausto Mejía y José Dolores Grullón.

Esta misma semana se produjo un encuentro de dos días entre los obispos dominicanos y haitianos de las diócesis fronterizas, tres de cada lado y sus responsables de pastoral migratoria, que concluyó bendiciendo la reunión de los presidentes Medina y Martelly, “aguardando extenderles el saludo a medida que los dos países fructifiquen en el justo diálogo bilateral con respeto mutuo y sin injerencia foránea”.

El editorial del periódico católico Camino de este domingo extendió un manto de amparo a la cumbre presidencial del martes, proclamando que “llega en un momento oportuno, para evitar que sigamos alimentando el desencuentro y el odio, cuando lo esencial es aprender a convivir con respeto buscando alternativas que permitan a cada nación crecer…”. Con relación al encuentro de los obispos fronterizos, el periódico del Episcopado expresó su esperanza de que “sirva de ejemplo” a los sectores políticos binacionales “para que comprendan que juntos podemos encontrar salidas esperanzadoras a los problemas que padecen ambas naciones”.

Mientras tanto entre consorcios de organizaciones sociales e intelectuales de ambos países se encaminan esfuerzos buscando aislar la confrontación para que predomine el entendimiento entre las dos naciones de la isla.

Impactante deterioro nacional

Por Juan Bolívar Díaz

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Como los dominicanos hemos venido perdiendo la capacidad de asombro y parecemos refugiados en la resignación ante los graves problemas de sustentabilidad económica, de crisis institucional y política, de seguridad y deterioro de los servicios públicos, nos resulta muy difícil percibir los alarmantes niveles que alcanza el proceso.

Pero si uno se va lejos por dos semanas, y al volver hay que revisar las informaciones, como nos toca a nosotros, se encuentran suficientes rastros del deterioro que afecta la vida nacional, relevantemente en materia de la corrupción y su correspondiente impunidad y del reparto del Estado que no deja recursos para contener el deterioro de los servicios básicos, desde los sanitarios, electricidad, agua potable, transportación y seguridad. Los ingresos crecen menos que el gasto y en cada presupuesto se deben buscar prestados entre 3 mil y 4 mil millones de dólares.

El calvario registrado desde fines de septiembre fue dramatizado en primer lugar por la corrupción explotada en la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE), dependencia de la Presidencia de la República, que en las últimas décadas compite con el Ministerio de Obras Públicas en la ejecución de los proyectos oficiales, aunque su finalidad era de supervisión. Se creía que el reguero dejado por Félix Bautista aleccionaría por lo menos en ese organismo, pero fue una falsa ilusión hecha trizas por la inmolación del arquitecto David Rodríguez García, que dramatizó todo un entramado de sobrevaluaciones y extorsiones en la asignación y pago de obras públicas.

El escándalo de OISOE creció cada día. Todavía el lunes en HOY el ingeniero Eusebio Almonte revela cómo una escuela que se planificó en 23 millones de pesos, fue duplicada a 46 millones, cómo ha estado sometido a extorsión y que aún le deben 15 millones de pesos, aunque la escuela fue inaugurada hace un año. El CODIA documenta 51 expendientes de extorsiones. El rechazo nacional ha sido relevante, pero las autoridades han optado por reprimir a los dirigentes sociales que reclaman el desmantelamiento de la OISOE, de la corrupción y de la impunidad.

El segundo y prolongado caso de impacto fue el testimonio del raso policial Daurín Muñoz, sobre la miseria salarial de la Policía, que se registra también en las Fuerzas Armadas y en otros servidores públicos, como enfermeras y agrónomos, así como en los pensionados. La respuesta oficial es que el presupuesto no alcanza para pagar ni siquiera a los encargados de combatir la agobiante delincuencia. 43 generales de la Policía Nacional tienen sueldos de 37,500 pesos y diez pesos diario como ración alimenticia. Mientras miles de funcionarios y hasta simples regidores reciben ingresos hasta diez veces superiores.

Otras expresiones del calvario de dos semanas: Los muertos por dengue alcanzaron en lo que va de año a 95, proyectándose una duplicación en relación a los 58 del 2014; RD es segundo país del continente con más muertes por cólera; RD es, después de Guatemala, el peor país para morir; junto a Nicaragua, RD lidera el embarazo de adolescentes en América, según estudio de la CEPAL; el 42 por ciento de las viviendas dominicanas todavía usan velas para mitigar los apagones, según estudio del INTEC.

Todavía hubo más: Francis Lorenzo, uno de la docena de embajadores que tiene el país ante la ONU fue apresado por autoridades de Nueva York y acusado de ser parte de una red de extorsión y tráfico; el Movimiento C+ denuncia corrupción en la remodelación del hospital Cabral y Báez de Santiago; altos funcionarios cambiaron el reglamento de Aduanas para servirse con la cuchara grande; jueza Miriam Germán denuncia a su colega de la Suprema Corte Fran Soto como irrespetuoso, injusto y abusivo al amparo de sus vínculos con el partido de Gobierno.

El viacrucis de dos semanas es impactante, sin incluir los múltiples casos relacionados con la delincuencia y la inseguridad. Pero lo peor es el cinismo con que reaccionan las autoridades y gran proporción de los “forjadores de opinión, amarrados con el insuficiente presupuesto nacional. A uno de ellos se le escuchó impugnar a los críticos de la OISOE con el “contundente argumento” de que eso ha sido así en todos los gobiernos.

 

La suerte de Edwin Enmanuel

Por Juan Bolívar Díaz
20_09_2015 HOY_DOMINGO_200915_ Opinión9 A

En la misma mitad de este septiembre ha llegado al país Edwin Enmanuel Gil, llamado a trascender por haberle tocado el número 10 millones de esta nación media isla colocada en el mismo trayecto del sol, con inmensas riquezas naturales malversadas por siglos y ubicada en uno de los últimos diez escalones de desarrollo humano en el concierto de 35 naciones del continente.

Este afamado infante llega con la marca de la pobreza nacional, de madre adolescente y soltera, con tíos de 10 y 13 años, una abuela de 36 y padre de 22 años que como dos tercios de los dominicanos no pudo completar la educación secundaria ni alcanzar una carrera técnica compelido por la necesidad de sumarse al chiripeo familiar de la supervivencia.

Su ámbito familiar será el barrio capitalino 24 de Abril, uno de los más nítidos espejos de la concentrada pobreza urbana dominicana, con una expectativa nacional de vida de 71 años, que para la mitad de siglo podría alcanzar los 80, siempre que pase la prueba de las altas tasas de mortalidad infantil, y de muerte por enfermedades previsibles o por accidentes de motor, destino de movilidad de una alta proporción de sus coterráneos barriales.

Nuestro 10 millones ha sido significativamente bautizado con el nombre bíblico de Enmanuel, como el histórico rabit de Galilea, Dios con nosotros, y merece la más cálida bienvenida y los mejores augurios de dicha y desarrollo humano. Aunque hereda la pobreza de padres y abuelos, contra la cual tendrá que luchar para no traspasarla a sus descendientes. Llega ya con una deuda individual de unos 3,500 dólares, que traducidos a pesos son casi 155 mil.

Lo primero que debemos implorar para Enmanuel es que pueda alcanzar siquiera uno de los escasos asientos para una carrera técnica y no se quede como uno más de los cientos de miles que ni estudian ni trabajan, carne de cañón para la delincuencia, y que tampoco se le ocurra engancharse a la Policía para empezar con 5 mil pesos mensuales que lo dejen en manos de los grandes delincuentes públicos o privados.

A diferencia de sus padres, si la suerte lo acompaña, Enmanuel podría aprender en la escuela sobre sexualidad, suficiente para conocer los instrumentos de la modernidad que le garanticen no reproducirse en la adolescencia y tener mayores posibilidades de completar el ciclo educativo.

Le auguramos toda la dicha del mundo, que se sume a la legión de muchachos y muchachas que por todas partes luchan por dejar atrás la pobreza, sumando fuerzas para resistir las tentaciones de la delincuencia como pretendidas soluciones individuales, sin ceder a la desesperanza ni al conformismo.

Como aquí tendrá que enfrentar la vida, con las puertas de la migración cada vez más cerradas, Enmanuel está llamado a ser un promotor de cambios y esperanzas para vencer la resignación y el fatalismo del “to e to y na e na” y restablecer el principio de que la recta es la línea más corta entre dos puntos, que flojo y apretado no es lo mismo y que la Virgencita de la Altagracia no es el mismo diablo.

!Bienvenido Edwin Enmanuel! Esperamos que tengas un largo ciclo de vida productiva y puedas alcanzar pronto una sociedad más armónica, que Dios libre de volver a duplicarse en el próximo medio siglo, y donde sus líderes y gobernantes tengan como norte el bienestar social y no impere la ley del más fuerte y más hábil para el despojo y la concentración, sea de la riqueza o del poder.

Milito en el periodismo libre

Por Juan Bolívar Díaz
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Unas semanas atrás agradecí al dilecto colega Juan Taveras Hernández que me dedicara un artículo, junto a dos grandes periodistas, Orlando Martínez y Radhamés Gómez Pepín, donde se refería a la dependencia de muchos que se dicen independientes y ponderaba el periodismo comprometido, distanciándose de los que se lavan las manos ante las inmundicias sociales y de los que medran en el poder.

Cumplo hoy la promesa que hice a Juan TH, con cuyos planteamientos al respecto coincido, de precisarle mi posición frente a la “independencia periodística”, que ciertamente no existe, por lo menos en sociedades de tanta inequidad e iniquidad, de exclusiones de muchedumbres y violencia, donde las instituciones del Estado son adorno y la Constitución y las leyes apenas sugerencias.

Más de dos mil estudiantes que se cruzaron conmigo en las aulas, durante los 20 años que impartí la asignatura “Periodismo Interpretativo”, son testigos de mi criterio de que no hay comunicación ni periodismo independiente, que detrás de la “independencia” se han escondido históricamente los peores intereses sociales, económicos y políticos. Es también un recurso de buenos profesionales que no quieren tropezar con los grandes intereses dominantes, y prefieren el juego suave.

He hablado de periodismo objetivo, en dos direcciones; primero, que persigue causas, que tiene como objetivo el bien común, la justicia social, la libertad y la dignidad humana, y segundo, que parte de la identificación de la realidad tal como es, objetiva, no de lo que quisiéramos que fuera, sin pretender manipularla, ni siquiera en aras de lo mejor.

Milito en el periodismo comprometido, por mi formación profesional, porque estudié en escuelas cristianas de verdad, y mis primeros trabajos fueron en medios católicos de aquí, México y Estados Unidos, donde me inculcaron el compromiso social como esencia de la comunicación. Y porque salí de la pobreza del batey cañero para trabajar por el progreso, los derechos y la dignidad humana.

Pero nunca he estado comprometido con un partido ni un gobierno, ni siquiera en los dos años en que fui embajador en Perú y Bolivia (1984-86), cuando no escribí un solo artículo ni emití una declaración política. Lo más cerca que estuve alguna vez fue del original Partido Revolucionario Social Cristiano y su ala izquierda del camilismo. Aunque he tenido siempre vínculos, más o menos duraderos, con todos los partidos y grupos que de alguna forma han luchado por mejorar el país, incluyendo a los de Juan Bosch y Francisco Peña Gómez, y a los de la izquierda, particularmente del Movimiento Popular Dominicano.

Nunca entregué mi independencia a Bosch, a Peña, a Antonio Guzmán ni a Jorge Blanco. Tampoco a Miguel Cocco, Rafael Chaljub Mejía ni a Leonel Fernández, estos tres últimos con los que más relación personal he sostenido. Pero también me relacioné con reformistas como Fernando Álvarez, Carlos Morales y Jacinto Peynado, y muchos otros líderes nacionales.

Soy practicante del periodismo comprometido, pero soy un ser humano libre, consciente de sus limitaciones y de las que impone la sociedad, pero amante de la libertad. Por eso nunca he pedido favores a ningún gobierno ni a ningún líder. No busqué el cargo de embajador, que luego he rechazado varias veces, tampoco la designación de mi esposa en un consejo de administración en el 2004, (entonces honorífico) lo que hizo la Junta Monetaria sin que ella lo solicitara a nadie, por su condición profesional. Y pagué hasta los postgrados en el extranjero de mis hijos, entre el 2001 y 2012.

Como Miguel Hernández para la libertad, sangro, lucho, pervivo, y por la libertad de los demás seres humanos ejerzo la comunicación, que es social o no es nada.

 

La inmigración sacude a Europa

Por Juan Bolívar Díaz
06_09_2015 HOY_DOMINGO_060915_ Opinión9 A

Europa, el viejo continente, la expresión primigenia de la llamada civilización occidental y cristiana, está sacudida y fuertemente dividida por una invasión de refugiados políticos y económicos en proporciones sin precedentes, realmente alarmantes, que constituyen una auténtica calamidad humana.

Oleadas de inmigrantes asiáticos y africanos desafían el mar en frágiles embarcaciones que naufragan una y otra vez, arrojando una carga de cadáveres sobre las playas. Ya 71 aparecieron asfixiados en un camión abandonado en una carretera de Austria. El cuerpo exánime de un niño de tres años, recogido por un guardia costero ha estremecido la conciencia de millones de europeos que no saben qué hacer con tanta calamidad.

Suman 351 mil los migrantes que han alcanzado territorio europeo en los primeros 8 meses del año, 60 por ciento superior al mismo período del 2014, de los cuales decenas de miles hubieron de ser salvados de los naufragios. Aunque dramáticamente otros 2,643 fueron rescatados cuando ya se habían ahogado en el portal europeo.

Dos terceras partes, 234 mil, han entrado por Grecia y casi el resto, 114 mil, por Italia. La mayoría quieren llegar a Alemania, la tierra prometida europea, lo que han logrado unos 300 mil, de los cuales 114 mil han solicitado refugio político, en un fuerte desafío para esa sociedad, donde grupos nacionalistas han protagonizado más de 300 ataques a hogares de acogida y centros de refugio. Aunque muchos más alemanes han mostrado sensibilidad y solidaridad con ayuda hasta excedente para los recién llegados.

El Gobierno alemán reclama, con justicia, que todos los países de la Unión Europea reciban proporciones de los inmigrantes, advirtiendo que peligran los acuerdos de libre tránsito y las esencias de la Unión Europea. La crisis llevó esta semana al cierre del euro túnel que une a Gran Bretaña con el continente, cuando oleadas humanas lo invadieron, buscando ensanchar esa alternativa. Estaciones de trenes y carreteras también han sido objeto de restricciones.

El drama es mayúsculo, como si los europeos estuvieran pagando las invasiones colonialistas, la dominación política, extracción de recursos y explotación esclavista que ejercieron por siglos sobre los países tercermundistas. O la creación de naciones artificiales, en alianzas con grupos dominantes que han monopolizado las riquezas locales.

Una gran parte de los que ahora asaltan la frontera del bienestar europeo son víctimas directas de las guerras y desestabilización que han sacudido en las últimas décadas a Irak, Afganistán, Siria, Líbano, Libia, Túnez, Medio Oriente, con armamentos, financiamiento, animación y participación directa europea y norteamericana. La tercera parte son mujeres, niños y niñas verdaderas víctimas de la violencia, incluida las últimas bárbaras expresiones del Ejército Islámico.

Media también un enorme tráfico con la pobreza de muchos otros países africanos, cuyos habitantes hacen lo que siempre ha hecho la humanidad, moverse en dirección al bienestar. Pero Europa naufraga con esa proporción de inmigrantes, nueva expresión de que un mundo tan desigual, violento y excluyente no ofrece garantía para nadie.

Estadistas y humanistas expresan preocupaciones, porque “la humanidad se estrella en las costas europeas”. El Papa advierte contra la tentación de “la globalización de la indiferencia”. No hay espacios para la xenofobia ni se concibe la expulsión de tan grandes contingentes humanos. Queda la necesidad de soluciones de fondo, compartidas, solidaridad humana, nuevas políticas que promuevan la paz y la inclusión y mayor inversión económica en el mundo de la pobreza.

 

El Consejo Binacional Quisqueya

Por Juan Bolívar Díaz

23_08_2015 HOY_DOMINGO_230815_ Opinión9 A

En medio del océano de incomprensiones, descalificaciones y exclusiones que en los últimos dos años han caracterizado las relaciones domínico-haitianas, lo más reconfortante y positivo ha sido el lanzamiento del Consejo Económico Binacional Quisqueya, un ambicioso proyecto de inversiones que tiene como meta la creación de decenas de miles de empleos en la línea fronteriza.

Es satisfactorio escuchar el entusiasmo con que grandes inversionistas dominicanos, asociados con colegas haitianos, han emprendido este proyecto, convencidos de la urgente necesidad de reordenar las relaciones bilaterales y de que no hay mejor forma que invirtiendo para producir bienes y generar empleos.

Desde el comienzo se trata de una alianza entre grandes empresarios de las dos naciones, abierta a la participación de todo el que quiera generar riqueza. No se trata de una obra de beneficencia, sino de importantes inversiones para generar beneficios económicos, sociales y políticos. Legítimas ganancias para los inversionistas, pero generando desarrollo social llamado a estabilizar instituciones.

En cuatro áreas de las comunidades fronterizas de ambos lados se proyectan inversiones para industrias, turismo, generación eléctrica y producción agropecuaria y artesanal y para infraestructuras portuarias. Se proyectan inversiones por etapas de miles de millones de dólares, aprovechando, en parte, incentivos que ha acordado Estados Unidos para ayudar al desarrollo de Haití y que ya ha favorecido instalaciones industriales de zona franca en Juana Méndez, promovidas por el Grupo M que preside Fernando Capellán.

La positividad y el éxito económico social de Juana Méndez está a la vista de todo el que quiere ver, con la transformación de esa comunidad haitiana por efecto de la creación de unos 7 mil empleos, y el consiguiente incremento del comercio y la cooperación bilateral. También ha sido muy positivo el proyecto agrícola promovido por Manuel Castillo en la zona fronteriza de Elías Piña, donde miles de hectáreas han sido reforestadas con la siembra de aguacates para exportación, generando un millar de empleos.

La creación de empleos y de oportunidades de vida es fundamental para estabilizar la frontera, donde la miseria de enseñorea en poblados fantasmas sin electricidad ni agua potable y escuelas apenas elementales, de donde huye aceleradamente cualquier joven que tenga mínimas expectativas de progreso.

Todavía hace poco más de un año nos quejábamos de que los empresarios dominicanos no tuvieran relaciones de cooperación y entendimiento con sus colegas haitianos. Una iniciativa universitaria de Miami los reunió y en poco tiempo se ha comprobado su alta positividad.

No habría que recordar lo que todos sabemos de sobra; la pobreza material e institucional de Haití es mucho mayor que la nuestra. El comercio bilateral que envuelve formalmente poco más de mil millones de dólares anuales y otros 500 millones en la informalidad, beneficia a los dominicanos en proporción de 10 a uno. Miles de dominicanos viven de la producción que se exporta hacia Haití en un mercado que deben desarrollar y conservar. Las inversiones dominicanas han penetrado profundamente hasta ciudades de la vecina nación. Empresas constructoras hacen también buenos negocios allí.

El Consejo Binacional Quisqueya cuenta con la cooperación de los dos gobiernos y está llamado a abrir puertas al entendimiento. Como estaremos en la isla para siempre, lo mejor que puede ocurrirles es la cooperación y la solidaridad. Hay que felicitar a los promotores del proyecto, en la esperanza de que no se dejen chantajear por radicalismos, ni se atemoricen por la confusión o el odio que tanto abundan por estos predios de Dios.