Fria campaña a 4 semanas de los comicios

Por Juan Bolívar Díaz

Desconcierto y frialdad en la campaña aumentan los temores de abstención                                         

            A cuatro semanas de las elecciones congresionales y municipales el desinterés de la población por la campaña electoral parece confirmar la tendencia abstencionista que han registrado algunas encuestas y vaticinan los analistas.

            Los partidos y candidatos parecen desconcertados, en su mayoría sin la menor novedad en su oferta a los electores, que no pasa de tradicionales anuncios televisivos sin mayor contenido programático, mientras ciudades y carreteras se siguen llenando de afiches y vallas publicitarias en un espectacular desorden.

            Ni siquiera los 296 millones 591 mil pesos del erario público recién entregados a los partidos participantes en el proceso han logrado animar la prolongada y costosa campaña, en tanto algunos candidatos dan muestras de agotamiento, y se registran asomos de peleas y disgustos por la distribución de la subvención estatal.

Una campaña fría

            Entre analistas y observadores políticos hay consenso en cuanto a que estamos ante una de las campañas electorales más frías que se registra en el país y se hace evidente la apatía de la población, muy especialmente de las clases medias hacia arriba ante unos partidos cada vez menos diferenciados, aunque esta vez concurren algunas opciones de izquierda.

            Esa percepción se expresa también en los sondeos y los programas interactivos de radio y televisión. Hay quienes consideran que los votantes el próximo 16 de mayo serán mucho menos de la mitad del electorado que lo hizo en los primeros comicios congresionales y municipales separados de los presidenciales, hace 4 años. A ello contribuirá decisivamente el mantenimiento del penalizante “colegio electoral cerrado”.

            La circunstancia, inédita en la historia nacional, de que con esta será la sexta elección en 8 años, incluyendo la doble vuelta de 1996, y las prolongadas campañas electorales, podrían contarse entre los factores generadores de cansancio y abulia frente al proselitismo político.

            Los tres partidos mayoritarios celebraron esta vez procesos eleccionarios internos para nominar candidatos, los que en algunos casos comenzaron desde el año pasado, contribuyendo a la saturación.

            La división del Distrito Nacional, con la nueva provincia de Santo Domingo, contribuye también a dispersar la actividad política y a crear la sensación de frialdad que algunos estiman alarmante.

            Como la nueva provincia es mayor en extensión y población, gran parte de la campaña se ha descentralizado hacia la periferia de la ciudad, y la creación de nuevas circunscripciones electorales tiende a focalizar el activismo proselitista.

            Ese factor ha reducido las extensas caravanas vehículares y obligado a los candidatos a concentrarse más en los “cara a cara” y apretones de manos. El precio de los combustibles, especialmente de la gasolina, con niveles sin precedentes alrededor de los 40 pesos el barril, es otro disuasivo a las estridentes caravanas vehículares de otras campañas.

Otra modalidad proselitista que se echa de menos en esta ocasión es la del “bandereo”, que afectaba la circulación vehicular en algunas carreteras y avenidas y originaba choques entre militantes de diversos partidos. Ello podría explicar, al menos en parte, la positiva reducción de la violencia en esta campaña electoral.

Se cita también entre los elementos que han retrasado la campaña, la cantidad considerable de impugnaciones internas a la nominación de candidatos, algunas de las cuales todavía estaban siendo falladas por la JCE la semana pasada. A la cabeza estaban las impugnaciones entre los perrdeístas, a los que correspondían 11 de los últimos 15 dictámentes del tribunal electoral.

El voto preferencial

            Por momentos pareciera que la institución del voto preferencial para la elección de los diputados y la descentralización de las circunscripcioens electorales ha desconcertado a los partidos. Por de pronto estaría marcando cambios importantes en la forma de hacer campaña, pues ahora hay 150 candidatos a diputados por cada partido haciendo su propia promoción.

            Aunque hay una veintena de partidos y agrupaciones participando en los comicios, no todos llevan candidatos en cada crcunscripción, pero alrededor de un millar de candidatos a diputados estarían haciendo sus propias campañitas, lo mismo que cerca de 200 candidatos a senadores.

            Hasta los comicios de 1998 la promoción era simplemente por partido, senador y síndico. Esta vez hasta candidatos a regidores tienen afiches, algunos desde la precampaña, aunque para éstos aún no se aplica el voto preferencial. La ley electoral lo dispone, pero la Junta Central Electoral resolvió comenzar esta vez sólo con los diputados.        

            El que nadie tenga asegurada de antemano una curul de diputados, como ocurría cuando el orden del listado privilegiaba a los que lo encabezaban, es un elemento nuevo de competencia, ahora entre los candidatos de un mismo partido, y tiende a incrementar el costo de las campañas.

            La rivalidad se hizo patente y adquirió carácter dramático esta semana en Santiago cuando un activista perredeísta fue muerto a balazos y se dijo que había sido victimado por un compañero porque pegaba afiches sobre los de otro candidato a diputado del mismo partido.

            El incremento de la competencia podría ser de los factores negativos del voto preferencial, pero lo positivo es muy superior, puesto que tiende a reivindicar el derecho de electores y electoras a escoger y porque crea lazos más directos con los elegidos, que así tendrán que rendir cuentas, sobre todo si aspiran a hacer carrera.

            El sistema todavía tendría que evolucionar todavía más, no sólo con la institución del voto preferencial y por circunscripciones para los regidores, sino también con la separación de la boleta del senador y de los diputados, y la del síndico de los regidores, para dar más opciones de elección.

Peleas por el dinero

            También se han registrado tensiones y peleas por la distribución en el seno de los partidos de la subvención estatal, y entre perredeístas y reformistas han trascendido a los medios de comunicación.

            El Nacional publicaba el jueves 18 que algunos candidatos reformistas han devuelto cheques de 12 a 18 mil pesos que les fueron entregados para campaña por el tesorero de su partido, José Ramón González Pérez, al considerarlos sumas irrisorias. El Partido Reformista Social Cristiano recibió 58 millones de pesos de la JCE. Si los dividieran entre los 2006 candidatos ( 150 a diputados, 250 a síndicos y vicesíndicos y 1574 para regidores y sus suplentes) promediarían a 28 mil 913 pesos.

            Pero desde luego ni podrían dar a todos por igual, incluyendo a suplentes de regidores, ni el partido repartiría todo entre los precandidatos, pues de ahí habría que sacar para muchos otros gastos que incluyen las burocracias fijas, pago de empleados, locales, agua y energía, vehículos, combustibles, dietas para sus delegados a las mesas electorales, promoción institucional y otros renglones.

            La repartición sería un incentivo a la lucha entre los mismos candidatos a diputados de un partido. Tal vez por eso el Revolucionario Dominicano (PRD) decidió no repartir para que cada aspirante se hiciera su propio afiche y anuncio de radio y televisión, sino invertir la suma en promoción institucional del partido y sus candidatos.

            El PRD recibió del presupuesto de este año 113 millones de pesos, en su gran mayoría por haber obtenido alrededor del 50 por ciento en las dos últimas elecciones. El 75 por ciento de la subvención estatal a los partidos se distribuye atendiendo a la votación obtenida en los dos últimos comicios, según dispone el artículo 56 de la Ley Electoral.

            Pero de acuerdo a una información de HOY del jueves 18, muchos candidatos perredeistas están inconformes, pues esperaban una distribución proporcional para ellos gastar de la manera que más creyeran conveniente.

El costo de la campaña       

            Debido a la falta de transparencia en las cuentas de los partidos, que nunca han sido auditadas, pese a que ya han recibido 946.3 millones de pesos de los presupuestos nacionales de los últimos 5 años, es imposible estimar cuánto en realidad están costando las extensas campañas electorales dominicanas.

            El artículo 52 de la Ley Electoral establece que los partidos políticos deberán llevar un registro contable acorde a los principios legalmente aceptados y que la JCE “solicitará a la Contraloría General de la República que audite los registors contables de cada partido para determinar las fuentes de ingresos y los gastos correspondientes.

            Sin embargo, todavía el tribunal electoral no ha hecho uso de esa facultad, limitándose a recibir la “relación pormenorizada” de ingresos y gastos que debe presentarle cada partido a más tardar 60 días antes de cualquier elección y a más tardar tres meses después de cada elección ordinaria, según el artículo 45 de la Ley Electoral.

            Algunos partidos ni siquiera han cumplido con esos dos plazos, sin que se sepa todavía de una sola auditoría oficial.

            Pero aún cuando llevaran el registro de gastos, aquí no hay reglamentación para las contribuciones privadas, que pueden ir y van directamente a los candidatos, en efectivo o en especie (afiches, vallas, promociones de radio y televisión, gorras, camisetas y cuantos artículos se puedan repartir).

            La inversión es tan fuerte que en un reciente almuerzo de los medios de comunicación Corripio, los candidatos a senador del DN por los partidos mayoritarios estimaron que cada uno estaría gastando entre 7 y 10 millones de pesos en su promoción. Algunos habrían invertido esa suma tan solo en la lucha por la nominación. En los 4 años del período apenas recibirían en sueldos y dietas 4.8 millones de pesos, a razón de cerca de 100 mil mensuales.

            Se ha sabido que hay candidatos que atraviesan por dificultades para financiar su campaña en vista de que gastaron demasiado en la elección primaria y las contribuciones del sector privado se han reducido tras conocerse el monto del financiamiento estatal.

            Ese es otro de los factores que estaría incidiendo en la “frialdad” que se advierte en la actual campaña electoral y en el disgusto de los sectores más informados, de clases medias hacia arriba, que consideran demasiado alto el costo de la democracia dominicana, y no sólo por lo que gastan los partidos, del presupuesto y de contribuciones privadas, sino por lo que luego tienen que devolver en favores.

            Desde luego, siempre hay empresarios que invertirán gustosos en más de una canasta electoral. Ya sea por “protección ante contingencias imprevistas” o como inversión para reclamar renta posterior a los elegidos y a los líderes de los partidos. Ese costo se ve mucho menos que el del clientelismo que beneficia a quienes “se fajan en las campañas”. –