XIX Convención del PRD

Por Juan Bolívar Díaz

            Con un millón 702 mil 666 ciudadanos y ciudadanas matriculadas, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) enfrenta este fin de semana el desafío de una convención eleccionaria de candidatos, tradicionalmente traumática, con el agravante de que los intentos de arrebato y avasallamiento son mayores cuando está en el poder.

            La matrícula publicitada por el partido de gobierno no deja de despertar sonrisas de incredulidad e ironías porque supera el total de votos que alcanzó en las últimas elecciones, las presidenciales del 2000, y si mantuviera esa cantidad de miembros ya tendría asegurada una barrida similar a la que consiguió en los últimos dos comicios.

            Los dirigentes y técnicos perredeístas juran que sus registros son transparentes, lo que junto a las encuestas que manejan les mantiene un triunfalismo suficiente para desestimar una alianza que en semanas pasadas estuvo a punto de materializarse con el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), aunque todavía no está descartada.

36 % del padrón nacional

            Según el registro hecho público esta semana por el presidente del perredeísmo, licenciado Hatuey de Camps, para la convención que eligió candidato presidencial a Hipólito Mejía la matrícula era de un millón 296 mil 937 electores y electoras.

            Con posterioridad su centro de cómputos procesó 712 mil formularios de inscripciones, de las cuales 143 mil 026 correspondieron a cambios de zonas o comités, 41 mil 589 fueron repetidos y 80 mil 078 rechazados porque no pasaron la prueba del cruce con el padrón nacional electoral.

            En resumen fueron incorporados como válidos otras 448 mil 214 personas mayores de edad y con documentación electoral en regla, de los cuales el 35.5 por ciento corresponden al viejo Distrito Nacional, que incluía la ahora provincia de Santo Domingo.

            La matrícula es tan respetable que supera en 19 por ciento (con 270 mil 118 más) el millón 432 mil 548 votos obtenidos por el PRD en los comicios del 2000. Con sus aliados el total de sufragios obtenidos por la fórmula presidencial Hipólito Mejía/Milagros Ortiz Bosch ascendió al millón 593 mil 231 sufragios, para el 49.85 por ciento del total.

            Según informes aún no oficiales de la Junta Central Electoral, el padrón nacional para los próximos comicios será de 4 millones 700 mil electores. La matrícula perredeísta representa el 36 por ciento del mismo.

            Si se repitiera la proporción de votantes de las anteriores elecciones congresionales y municipales, del 1998, que fue del 49 por ciento, esta vez acudirían a las urnas menos de dos millones 350 mil. El registro perredeísta representa el 72 por ciento de esa cifra.

            La transparencia con que el PRD maneja su matrícula, dividida por comités, zonas y municipios, atendiendo a la multiplicidad de intereses que se mueven en su seno, y la circunstancia de que está computarizada y a disposición de cualquiera en el internet, permite pensar que ciertamente han tenido esa cantidad de inscritos.

            Sin embargo, ello no significa que todos sean realmente militantes ni miembros. Muchos seguramente llenaron una solicitud a instancia de los grupos y aspirantes a cargos electivos, dando sus datos por complacer al amigo o pariente, como cuando un partido busca firmas para solicitar su reconocimiento.

            La membresía de muchos se evapora cuando su auspiciado pierde una candidatura, y otros porque son atraídos por otros candidatos y partidos, o porque pasan rápidamente a formar parte del universo de los descontentos cuando se frustran al no conseguir un empleo o algún otro beneficio personal o colectivo, una vez el partido llegó al poder.

Obviamente que en nuestro medio, donde a la mayoría le cuesta mucho escribir y tramitar una carta, casi nadie se ocupa de renunciar a la membresía de un partido. Un dirigente perredeísta admite que esa es una de las explicaciones de tan abultada nómina. Señaló que incluso millares de personas llenaron un formulario o les fue llenado y se olvidaron o no fueron suficientemente conscientes de lo que implicaba.

            Ante la incredulidad, el presidente del PRD jura que los datos son reales y argumenta que sería vano y tonto inflar los listados, puesto que son sometidos a prueba en cada votación. En el 2000 el millón 296 mil miembros registrados apenas fue superado en las urnas por 135 mil 611 votos, lo que representó un voto más por cada 9.5 miembros.

Actitud triunfalista

            De cualquier forma el registro perredeísta ofrece una idea de la magnitud del partido blanco y de la mística que lo envuelve más de seis décadas después de su fundación en el exilio antitrujillista de La Habana, Cuba, en 1939, y a 41 años de su llegada al país en l961.

El PRD ha sufrido numerosos desprendimientos, incluyendo en su momento a los tres avanzados que lo implantaron en el país –Angel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo- y dos grandes divisiones protagonizadas por su primer líder y fundador el profesor Juan Bosch en 1973 y por el expresidente Jaocbo Majluta en 1990.

Ellas ni el suicidio en el poder del presidente Antonio Guzmán en 1982, y la muerte prematura de su último gran líder José Francisco Peña Gómez en 1998, han reducido la mística y el poder perredeísta.

Aferrados a las encuestas que patrocinan tanto el partidio como el gobierno mismo, mantienen un impresionante optimismo, incluso triunfalismo, a tres meses del próximo compromiso electoral. Llegan a mostrar encuestas provinciales donde aparecen como ganadores en más de dos tercios de las provincias. Dicen que el PRSC asegura casi todas las restantes y sitúan en la calle al Partido de la Liberación Dominicana.

Ante las burlas a su antipeledeísmo, no vacilan en dar las proporciones que se le atribuyen a sus antiguos compañeros, aún en las provincias donde ganaron en los comicios de 1998. En Elías Piña y El Seibo afectado por desprendimientos. En La Romana y Salcedo supuestamente por avance de los otros partidos.

Hatuey de Camps no oculta que es un decidido propulsor del “acuerdo de no pactar”, para que como en los dos últimos comicios los partidos mayoritarios corran con sus propias fuerzas. El presidente Hipólito Mejía fue y sigue apareciendo como partidario de la alianza con el PRSC, más por temor a que éste gire pacte con el PLD en último momento, “cuando se conozcan las encuestas”, que porque lo considere necesario.

Fuentes cercanas al mandatario aseguran que éste y el doctor Joaquín Balaguer eran decididos partidarios del acuerdo, pero que en la reunión del 24 de enero, Hatuey de Camps tocó el orgullo del caudillo cuando propuso ir separados.

La fuente llamó la atención al hecho de que Mejía hubiese hablado públicamente de un “pacto sin arrugas”, y que luego, el viernes 8 de febrero, se juntara otra vez con Balaguer sin la presencia de Hatuey. Se afirma que la posibilidad de algún acuerdo seguirá abierta más allá del límite para inscribir alianzas, el 3 de marzo, dentro de dos semanas.

            Sin alianza no hay sumatoria de votos, pero queda el recurso extremo de la renuncia de algunos candidatos para ordenar votar por los de otro, aunque por su propia naturaleza este acuerdo es más endeble. No existe garantía de total cumplimiento por parte de los electores. Y es más difícil de ejecutar porque implicaría la renuncia de todos los candidatos al Congreso o a los cargos municipales en una provincia, municipio o circunscripción.

Peligros a la vista

            Cuando se estrenaba el proceso democrático en 1962 y en su primer participación electoral, el perredeísmo tuvo que repetir la convención que escogió sus candidatos para las elecciones del 20 de diciembre de aquel año. El profesor Juan Bosch se negó a ser acompañado en la boleta por Buenaventura Sánchez, a quien los delegados escogieron para la vicepresidencia. Después lo combiarían por el doctor Armando González Tamayo.

            El PRD fue el primer partido en elegir candidatos con amplia participación de sus bases en su Novena Convención Extraordinaria de 1981. Pero desde entonces siempre han estado manchadas por incidentes y conatos de divisiones. En aquella oportunidad Jacobo Majluta y sus partidarios no querían aceptar la victoria de Salvador Jorge Blanco, pese a que la diferencia fue de 59 contra 37 por ciento.

Pero se dieron compensaciones como la presidencia del partido a Majluta, y Peña Gómez maniobró en conciliaciones que les permitieron superar la crisis y mantener el poder unos meses después, en 1982.

La más traumática convención extraordinaria del perredeísmo fue la de finales de 1985, cuando degeneró en una balacera entre partidarios de Majluta y Peña Gómez en el hotel Dominican Concord. Pasaron semanas antes de que con la mediacion del presidente Jorge Blanco pudiera lograr un acuerdo que llevó a Majluta a la candidatura presidencial. En mayo siguiente perdieron el poder, tras 8 años de gobierno.

Entre los factores que aceleraron la muerte de Peña Gómez en la campaña electoral de 1998 se cuentan los sufrimientos y presiones que sufrió en el proceso de elección de candidatos. El mismo lo citó en su última entrevista de televisión, transmitida por Teleantillas, a semanas de su fallecimiento.

En muchos lugares no se pudo votar y en otros no se computaron los votos. En el Distrito Nacional un resultado cerrado creó una crisis entre los aspirantes que llevó al líder perredeísta a postularse él mismo a la sindicatura. La doctora Milagros Ortiz Bosch había barrido para la senaduría.

Esta vez el PRD llega a su Décimo Novena Convención Extraordinaria sin mayores enfrentamientos, pero no desprovisto de peligros. Llama la atención que registren menos conflictos que hace 4 años, lo que puede atribuirse a que estar en el poder y en control de 95 municipios y la mayoría de las curules congresionales, ofrece mayores posibilidades de compensaciones y transacciones.

Pero el control del poder del Estado conlleva otros riesgos, que han asomado en los últimos meses, cuando un grupo dominante, el proyecto Presidencial Hipólito (PPH), pueda pretender el control del partido, invirtiendo para avasallar las disensiones. Estas se han dado en relación al proyecto de restablecimiento de la reelección presidencial.

Es público que el presidente del PRD, Hatuey de Camps, y sus seguidores, son los que han levantado la tradición histórica antirreeleccionista del partido blanco. Y que los cañones del PPH están enfilados contra él, para lo cual un primer movimiento táctico sería desplazar parte de los senadores y diputados que han militado en el rechazo a la relección.

Eso se da como posible en algunas provincias y el DN, para lo cual altos funcionarios del gobierno, como Eligio Jáquez, Guido Gómez y Hernani Salazar, habrían empleado sus influencias en las últimas semanas.

No se descarta que los perredeístas den otra sorpresa este domingo, pero entre ellos, como en tantas otras instancias organizativas del pueblo dominicano, no se puede cantar victoria hasta que caiga el out 27.-