Libertad de prensa

 Por Juan Bolívar Díaz
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Una de las mayores víctimas de la recién concluida campaña electoral ha sido la libertad de prensa que incluye relevantemente el derecho a la libre expresión sin por ello ser objeto de persecución y que tanto han defendido los periodistas y la sociedad dominicana desde la liquidación de la tiranía de Trujillo hace más de medio siglo.

Desde los días difíciles de la represión política que siguió a la revolución constitucionalista y la intervención norteamericana de 1965, nunca se había desarrollado desde el Estado tanto esfuerzo por controlar los medios de comunicación y reducir la libre expresión de los profesionales del periodismo. Y nunca se había tenido tanto éxito.

Tampoco había habido tanto servilismo en los medios y tantos de ellos convertidos en simple resonancia del interés partidista, con acciones que ruborizan, hiriendo las más elementales normas éticas de la comunicación social y del periodismo.

Nunca habíamos visto tantos periodistas al servicio de un gobierno y un partido, dedicados a atacar agresivamente a  otros periodistas, descalificándolos, con calumnias  y mentiras, pretendiendo tender una nube oscura de silencio o uniformar la sociedad reduciendo la disensión y la pluralidad.

Tampoco habíamos visto que ataques tan alevosos alcanzaran a los ejecutivos y propietarios de los medios, en un abierto chantaje pretendiendo convertirlos en carceleros de la libertad de expresión y el ejercicio periodístico.

Nunca habíamos visto el espectáculo de un senador poniendo en riesgo la vida de una periodista, para acallar denuncias documentadas de corrupción,  alegando que le habían informado que podría ser víctima de un partido político y de narcotraficantes. Con el agravante de que tal barbaridad no fue rechazada editorialmente.

Ni en los años de la represión balaguerista periodistas y comentaristas habían acusado a reconocidos comunicadores de conspiración por haber sostenido una reunión con un candidato presidencial, ni se habían montado programas radiales y televisivos para denostar a otros periodistas, alentando el espionaje.

Nunca se había reclamado que todo el que disiente del discurso oficial deba declararse partidario en una campaña electoral, con un maniqueísmo fruto del sectarismo y la intolerancia.

Jamás habíamos esperado que desde la dirección de prensa del gobierno se distribuyera por Internet un mensaje tan calumnioso y vulgarmente mentiroso como el que circuló la tarde del martes 22 con el siguiente texto que copiamos tal como lo escribieron: “PPH cabildea con el diario francés lemonde una noticia de un supuesto fraude y peligro de guerra civil en RD. Juan Bolívar, Fausto rosario y el grupo de periodistas que se juntaron con Hipólito en la casa de Miguel Guerrero, trazan estrategia mediática para intranquilizar el país y construir un ambiente de crisis política. Los capos de la droga están reclamando la inversión que hicieron tenga consecuencias”.

Lo peor es que el Colegio Dominicano de Periodistas y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa hayan guardado tan denso silencio ante estos desafueros. En cuanto a la Asociación Dominicana de Diarios y la Asociación Dominicana de Radiodifusores parece que hace tiempo duermen el sueño eterno.

Ahora que ha terminado la campaña electoral, ¿quién tomará la iniciativa para devolver un poco de decencia al ejercicio del periodismo y la comunicación?