Grupos políticos y sociales promueven coaliciones para diversificar el poder

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La propuesta más ambiciosa es la de la Coalición Democrática que pretende una sinergia político-social para desplazar al PLD, pero también una decena de partidos compelidos por las nuevas leyes persiguen alianzas de sobrevivencia en los niveles congresual y municipal   

                                                            Por Juan Bolívar Díaz

Nunca antes en el proceso democrático nacional se habían registrado tantos esfuerzos por alianzas o coaliciones de partidos para unas elecciones generales, determinados por el dominio político del Estado logrado por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), por el cansancio generado por sus cinco gobiernos de los últimos seis a partir del 1996 y por la Ley de Partidos.

El proyecto más ambicioso se expresa en la llamada “Coalición Democrática por un Gobierno de Regeneración Nacional”, que pretende una conjunción de toda la oposición para desplazar al PLD del gobierno o por lo menos reducir su monopolio del poder, pero muchos partidos minoritarios buscan también unirse para no desaparecer por las nuevas normativas.

Muchos buscan alianzas

Desde el año pasado se plantean alianzas de partidos y sociales para desplazar al PLD del gobierno, promovidas por la experiencia de los comicios del 2012 y 2016, cuando el partido gobernante avasalló abusando de todos los recursos del Estado para afianzar un dominio electoral sin precedentes, que se extiende a las más diversas instancias sociales mediante mecanismos de cooptación como repartos de cargos, subsidios, contratos y exenciones.

Casi todos los partidos de oposición han formulado planteamientos sobre la necesidad de unirse para enfrentar “al monstruo” que domina la sociedad, entre ellos el Revolucionario Moderno, el Reformista Social Cristiano, Alianza País, Frente Amplio, Opción Democrática y Dominicanos por el Cambio. Todos estos y otros cinco pasaron más de dos años en un esfuerzo de concertación, pero sufrieron un tropiezo cuando los dos primeros y mayores apoyaron la Ley de Partidos promovida por la facción peledeísta del presidente Danilo Medina.

Partidos que no se aliaron en el 2016, aunque tienen posiciones políticas similares, como Alianza País y Opción Democrática, ahora persisten en constituir una coalición, aunque tuvieron un tropiezo cuando la Junta Central Electoral les rechazó su propuesta de ir coaligados desde las elecciones primarias a celebrarse el 6 de octubre próximo. Estos tratan de atraerse a otros como el Revolucionario Social Demócrata, el Partido Humanista y Dominicanos por el Cambio.

Por otro lado se mueven una decena de partidos, aliados del PLD, pero que buscan conformar una alianza para las elecciones municipales y congresuales, compelidos por la Ley de Partidos y Agrupaciones Políticas que les ha puesto más difícil su sobrevivencia jurídica. Están dispuestos a ofrecer la mitad de las candidaturas a dirigentes sociales para atraerse votación.

La Coalición Democrática

El proyecto más ambicioso es el de la Coalición Democrática (CD) proclamada el 11 de noviembre en Santo Domingo por unos 500 militantes sociales y replicada posteriormente por otros 300 en Santiago, así como en otras ciudades, sobre la base de unos “Lineamientos Básicos para un Gobierno de Regeneración Nacional y un Nuevo Modelo de Desarrollo Económico-Social.

Los lineamientos de la CD están contenidos en 20 prioridades políticas e institucionales y económico-sociales con el objetivo de rescatar la institucionalidad democrática, combatir la corrupción y la impunidad, contener el proceso de insostenibilidad fiscal, restablecer la posibilidad de competencia electoral y echar las bases para un nuevo modelo de desarrollo que estimule la competitividad, el desarrollo y la equidad en la distribución del ingreso.

Como no se trata de una nueva organización política, sino un espacio de concertación, la Coalición trabaja sin publicidad, aunque sí lo hacen varios de los grupos que la integran como el Movimiento Independiente de Rescate Democrático, Bien Común y el Congreso Cívico, con ramificaciones en múltiples regiones y en Nueva York y Florida. Los informes disponibles indican que ya han constituido una mesa de concertación con la mayoría de los partidos de oposición, en la que los lineamientos básicos han tenido absoluto consenso.

La CD parte de la necesidad de unir partidos políticos y dirigentes sociales en torno a candidaturas de los mejores cuadros de los partidos y provenientes de los grupos sociales para generar una sinergia que supere el inmovilismo y el pesimismo de amplios segmentos que han perdido confianza en el partidismo político, bajo las premisas de que se  unen ahora o habrá peledeísmo por muchos años. En la opinión pública prevalece la convicción de que la unidad de la oposición crearía un nuevo escenario de competencia electoral.

El proyecto Juntos Podemos

Una docena de partidos minoritarios están empeñados en crear su propia coalición y también convencidos de que si se juntan con grupos sociales y ciudadanía, lograrán una representación significativa en los municipios y el Congreso Nacional, compelidos por las nuevas normativas de la Ley de Partidos que deja sin personaría jurídica a los que no alcancen el uno por ciento de la votación, aunque obtengan algún  cargo legislativo o en los ayuntamientos, como era hasta ahora.

En Junto Podemos confluyen la mayor parte de los 14 partidos que fueron aliados al PLD en las elecciones del 2016, pero quieren incorporar a otros de oposición para alianzas en las elecciones municipales de febrero del 2020, que serían una especie de referéndum para las de tres meses después. A la cabeza aparece José Francisco  Peña Guaba y su Bloque Institucional Social Demócrata que en el 2016 logró ganar la senaduría de San José de Ocoa, en una alianza variopinta, incluso contra el PLD, a quien sin embargo apoyó al nivel presidencial.

Han tenido la habilidad de realizar un mapeo nacional partiendo de las debilidades provinciales y municipales de los partidos dominantes, especialmente del PLD, ya manifiestas en los resultados del 2016. En esos comicios la votación propia del PLD, sin sus 14 partidos aliados, fue de 50.2 por ciento en el nivel presidencial, pero cayó al 41.7 en el congresual y a 35.7 en el municipal. Juntos Podemos no se define como un proyecto de oposición al PLD, sino de supervivencia política, y deja a quienes lo integren en libertad de decidir a qué candidato presidencial respaldarán. Sus principales promotores son funcionarios del actual gobierno.

Un oligopolio político

Aunque en las pasadas elecciones participaron 26 partidos políticos, e igual número están habilitados para el 2020, aparte de otros cuatro que persiguen reconocimiento, el sistema político tiene una tradición oligopólica, descansando casi siempre en dos, desde el 2016 el PLD y el PRM. El PRSC y el PRD, completan  “los mayoritarios”, porque superaron el 5% del sufragio.

A diferencia de lo ocurrido en  toda América Latina, en el país no ha habido emergentes que rompan abruptamente el dominio político, y de hecho apenas dos candidatos alternativos han rebasado el 1 por ciento en elecciones presidenciales en el “período democrático” iniciado en 1978, Elías Wessin con el 1.89 en 1982 y Guillermo Moreno, con 1.37 y 1.83 en 2012 y 2016.

Ha habido candidatos presidenciales de izquierda, como Narciso Isa Conde, Rafael Fafa Taveras, Max Puig, José González Espinosa y Raúl Pérez Peña.  De derecha como Vincho Castillo, Pelegrín Castillo, Elías Wessin Chávez, Francisco Augusto Lora, Pedro Candelier y Luis Julián Pérez. Del centro como César Estrella Sadhalá, Eduardo Estrella, Rafael Abinader, Roberto Saladín o Hatuey de  Camps. También dirigentes populares como Ramón Almánzar y el sacerdote Antonio Reynoso. Como se puede advertir en el cuadro anexo, de 32 candidaturas presidenciales, sólo dos superaron el uno por ciento y tres el 0.50.

Esos resultados tan concentrados no son por falta de méritos, que en muchos sobraban, sino por un sistema político hecho a la medida de los dominantes, por el financiamiento público y privado, por el clientelismo y el abuso de los recursos públicos de los que han usufructuado los poderes del Estado.

Una ley agravante

La ley de Partidos 33-18 agrava la situación de los partidos minoritarios, algunos de los cuales llevan múltiples elecciones adheridos a los dominantes para mantener la personería jurídica. La nueva normativa los pone contra la pared, porque antes bastaba con que obtuvieran algún cargo congresual o municipal, en una alianza para mantener su reconocimiento, pero ahora se requiere que también obtengan al menos el 1 por ciento de la votación.

Si se mide por los resultados de las elecciones del 2016, sólo 12 de los 26 partidos hubiesen mantenido el reconocimiento, al haber obtenido más del 1 por ciento en los tres niveles de elección, presidencial, congresual y municipal. Con el agravante de que ahora los requisitos para nuevos registros son mayores: según el artículo 15 de la Ley 33-18, el 2 por ciento de los votos de la última elección, y tener organismos de dirección y operando en cada municipio. A diferencia de cuando fueron habilitados la mayoría de los partidos, que había un mercado de listados para avalarlos, ahora la JCE verifica por muestreo la validez del apoyo ciudadano.

La nueva legislación también contiene dificultades para los pequeños, como el límite del 20 por ciento de candidaturas para alianzas, aunque hay una contradicción entre la Ley de Partidos y la Ley del Régimen Electoral. Esta última parece abrir espacio a las coaliciones, más allá de las alianzas, cuando en sus artículos 168 y 269 plantea que “para la postulación de candidatos comunes y cualesquiera otros acuerdos, los partidos aliados o coaligados serán una sola entidad”. Juristas como Francisco Alvarez Valdez y Fernando Henríquez entienden que la coalición supera el límite de las alianzas y podría permitir mayores posibilidades de candidaturas comunes, pero eso dependerá del reglamento que habrá de dictar la JCE.

El tiempo también pone límites, porque según la ley 33-18 y su reglamento, las alianzas   y coaliciones tienen que definirse el 7 de junio, según la Ley 33-18.-

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    Resultados obtenidos por los candidatos alternativos

                          Elecciones Presidenciales 1978-2016

 

Candidato                             partido                     año             votos          %

Guillermo Moreno                 Alianza País            2016           84,399     1.83

Elías Wessin Chávez              PQDC                     2016           20,403     0.44

Pelegrín Castillo                     FNP                        2016           16,283      0.35

Minou Tavárez M.                  APD                       2016           16,256      0.35

Hatuey de Camps                   PRSD                     2016             8,264     0.18

Soraya Aquino                        PUN                       2016              5,678     0.12

Guillermo Moreno                Alianza País           2012           62,290     1.37

Eduardo Estrella                   DXC                        2012             9,340      0.21

Julián Serulle                       Frente Amplio         2012            6,550      0.14

Max Puig                               APD                           2012             5,064      0.11

Eduardo Estrella                 PRSD                        2008           19,309      0.47

Guillermo Moreno              MIUCA                    2008           18,136      0.44

Pedro J. Candelier               PAP                         2008              6,118      0.15

Rafael Flores Estrella          FR                            2004              4,737      0.13

Ramón Almánzar                PNA                          2004             4,195      0.12

Raúl Pérez Peña                  PAD                          2004              1,834     0.05

Ramón Almánzar                    PNA                     2000               5,961     0.19

José González Espinosa       PTD                     2000               6,138     0.19

César Estrella Sadhalá         UNIDO                  2000               3,359     0.11

José R. Abinader                  ASD                      1996                3,907     0.13

Antonio Reynoso                  MIUCA                  1994              22,548    0.75

Marino V. Castillo                 FNP                      1990                 5,956     0.31

Roberto Saladín                   PPC                     1990                 4,196     0.22

Marino Vinicio Castillo        FNP                      1986                 6,502     0.31

Jorge Martínez Lavandier  PDN                      1986                  1,197     0.06

Elías Wessin                       PQD                      1982                33,991    1.89

Narciso Isa Conde              PCD                      1982                11,180     0.62

Rafael  Abinader                ASD                       1982                  8,879     0.49

Rafael Fafa Taveras           IU                          1982                  5,906    0.33

Francisco A.  Lora              MIDA                     1978                13,300    0.81

Narciso Isa Conde             PCD                       1978                  9,828    0.59

Luis Julián Pérez              MSN                       1978                7,782     0.47

Elaborado por Juan Bolívar Díaz

 

 

 

 

El PNUD reconoce crecimiento en RD pero con desigualdad y concentración

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El último informe del PNUD reconoce un crecimiento económico dominicano del 5 por ciento promedio en la última década, pero todavía con bajos niveles de desarrollo humano, el cual se concentra en el Distrito Nacional y con sólo cuatro provincias en segundo nivel

Por Juan Bolívar Díaz

El Mapa interactivo del Desarrollo Humano en la República Dominicana 2010-2016, que ha publicado el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reconoce un crecimiento económico promedio del cinco por ciento, pero concentrado en  el Distrito Nacional con desarrollo humano alto, con cinco provincias bajo y otras 22 en medio bajo.

Aunque muestra mejoría general en el índice de desarrollo humano de los dominicanos, el informe corrobora la desigualdad que recién diagnosticó la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), y extrema concentración del ingreso, e incremento de la población que vive en vulnerabilidad económica, resaltando los pobres servicios de educación y salud.

Sí crecimiento económico

El informe reconoce un crecimiento económico sostenido en la última década, con promedio del 5 por ciento, lo que ha generado incremento del índice de desarrollo humano, pero sólo en 3 por ciento. La República Dominicana lidera el crecimiento económico en América Latina, casi duplicando el promedio regional, con movilidad ascendente de la clase media.

Se diagnostica una reducción de la pobreza del 26 por ciento en el período 2003-16, pero partiendo del grave retroceso que implicó la quiebra bancaria del 2003, que según los estimados convirtió en pobres a más de un millón de dominicanos. El PNUD sitúa en 44 por ciento la movilidad ascendente de la clase media, lo que avala afirmaciones del actual gobierno, pero al mismo tiempo señala que desde el 2003 la población en vulnerabilidad económica se ha incrementado en 18 por ciento, afectando a 800 mil familias.

Este índice de desarrollo humano se establece a partir de los niveles del ingreso y de la calidad y cobertura de los servicios de salud y educación. La mayor contribución  fue la del ingreso, con 35.6 por ciento, salud 33.6, y la de educación 30.7 por ciento. Las remesas de la diáspora dominicana, que el año pasado pasaron de 6 mil 500 millones de dólares, y que registran un crecimiento sobre el 75 por ciento en la última década, habrían tenido una contribución del 25 por ciento en el incremento del ingreso de la población, con tendencia a concentrarse en las áreas urbanas a consecuencia de la migración interna.

Entre los compromisos del Estado con los objetivos del desarrollo 2030, el informe sugiere “que pueda impulsar una aceleración en el logro de los objetivos del desarrollo social promoviendo una cultura estadística que genere datos con mayores niveles de desagregación y que asegure la captura de información de grupos vulnerables”.

Concentración territorial

El mapa del PNUD muestra una gran concentración del crecimiento del desarrollo humano en el Distrito Nacional, como resultado de mejores indicadores educativos, de salud y de ingreso, siendo la única jurisdicción con categoría de desarrollo humano alto. Eso “refleja la concentración de las oportunidades en la ciudad capital”. En un segundo nivel, medio alto, quedan las provincias Duarte, Monseñor Nouel, San José de Ocoa y Mirabal.

Es relevante que 22 provincias, que registran el 80 por ciento de la población nacional, aparecen en la tercera categoría, desarrollo medio bajo, y entre ellas se encuentran las más pobladas como Santo Domingo, Santiago, San Cristóbal, La Vega, Espaillat, Puerto Plata, San Juan y San Pedro de Macorís. Influye tanto la reducción del ingreso, como de la calidad de los servicios de educación y salud.

Elías Piña es la provincia de menor desarrollo humano, 40 por ciento por debajo del promedio nacional. Junto a Bahoruco, Independencia, Pedernales y El Seibo, integra un quinteto de bajo desarrollo humano. Llama la atención que la provincia La Altagracia, donde se concentra el turismo, uno de los motores impulsores del crecimiento económico nacional, registra uno de los más altos niveles de desigualdad, con el 70 por ciento del ingreso en el quintil más rico.

Al presentar el informe, los economistas dominicanos del PNUD Melisa Bretón y Sócrates Barinas resaltaron que los logros registrados en el período “se ven reducidos por la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, con tímidas reducciones en la brecha salarial de género, la inserción laboral de las mujeres y su participación en cargos electivos”. Por eso el país pierde el 44 por ciento de su potencial de desarrollo, y en promedio las mujeres tienen ingresos 18 por ciento menores que los hombres. Oxfam lo sitúa en 20 por ciento en la región latinoamericana.

Una dramática desigualdad

La extrema desigualdad del ingreso salarial y la concentración de la riqueza en el país quedan manifiestos en el mapeo del PNUD: el 20 por ciento del quintil de mayores ingresos recibe el 50 por ciento de la riqueza nacional, mientras el 20 por ciento del quintil más pobres apenas el 6 por ciento.

Ese diagnóstico de la desigualdad es similar al presentado en enero por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), donde se marca un ligero descenso de la desigualdad en el país entre el 2002 y el 2012, pero con incremento entre el 2014 y el 2017, en pleno período de alto crecimiento económico. Fue el peor resultado entre 14 países de la región analizados en el Panorama Social de América Latina 2019 de la CEPAL, donde el quintil más alto concentra el 47 por ciento de la riqueza y el más bajo el 7 por ciento.

La pobreza salarial dominicana ha sido resaltada por el gobernador del Banco Central, Héctor Valdez Albizu, quien hace diez días insistió en que el crecimiento económico debe derramarse para alcanzar a los más pobres. Sostiene que el poder adquisitivo del salario dominicano está a nivel de la década de los noventa. A diciembre pasado el costo de la canasta familiar del quintil más pobre se situó en 13 mil 818 pesos, pero el promedio de los salarios mínimos del sector privado estaba en 10 mil 947 pesos, 21 por ciento por debajo. El salario promedio cotizable a la seguridad social se sitúa en 22 mil 967 pesos, 23 por ciento por debajo del costo promedio de la canasta familiar, anclado en 30 mil pesos.

La desigualdad salarial es brutal aún en el sector público, donde todavía el salario mínimo es de 5 mil 117 pesos mensuales, incluyendo a más de 100 mil pensionados del Estado. Conviven con salarios y pensiones que llegan hasta 800 mil pesos.

Mayor concentración internacional

La extrema desigualdad ha sido registrada internacionalmente y en América Latina, considerada la región más desigual del mundo, como lo hizo Oxfam en su último informe de finales del año pasado bajo el título “Democracias Capturadas: El Gobierno de unos pocos”.

Según este informe, el 1 por ciento más rico de América Latina y el Caribe concentra el 37 por ciento de la riqueza, 7 puntos más que en el año 2000. El 20 por ciento más rico concentra el 45 por ciento de los ingresos, mientras el 20 por ciento m ás pobre, sólo alcanza el 6 por ciento de los bienes. La riqueza de 89 latinoamericanos que aparecen en la lista de Forbes con más de mil millones de dólares, es de 440 mil millones de dólares, superando el producto interno bruto de cada uno de los países de la región.

Y las mujeres ganan un promedio del 16 por ciento menos que los hombres, y dedican el doble de horas por día a trabajos no remunerados.

A nivel internacional, el diagnóstico de Oxfam el año pasado sobre la concentración del ingreso es todavía más terrible: el 82 por ciento de la riqueza mundial generada durante el 2017 fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial, mientras el 50% más pobre –3 700 millones de personas– no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento. Y sólo 8 hombres acumulan igual cantidad de riquezas que esa mitad de la humanidad.

Una sociedad más insegura

La preocupación por la concentración de la riqueza en el mundo se ha generalizado en los últimos años, sobre todo después de la crisis financiera del 2008, que la disparó aún más, Hasta algunos de los mayores concentradores norteamericanos, como Warren Buffett, se han adherido al clamor, consciente de que están generando un mundo cada vez más inseguro e insostenible.  Los europeos lo han vivido con el terrorismo y los millones de asiáticos y africanos tocando sus puertas, aunque millares hayan convertido el mar Mediterráneo en un inmenso cementerio acuático.

En el mundo desarrollado la concentración y la crisis del capitalismo están reduciendo el estado de bienestar de los últimos 70 años, que amplió la clase media, con expresiones tan desconcertantes como la del brexit en el Reino Unido o el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. Mientras en América Latina la democracia capturada hace aguas, entre proyectos populistas insostenibles e inestabilidad política que abre paso a absurdos como el Bolsonaro de Brasil.

En América Latina la concentración y la desigualdad están vinculadas al gobierno para unos pocos a cambio de una enorme corrupción que permite la emergencia de una plutocracia de nuevos multimillonarios. El efecto demostración, los resentimientos y la exclusión generan delincuencia que permea las instituciones represivas del Estado, configurando un futuro sin seguridad para nadie. La República Dominicana no escapará de esa perspectiva, sobre todo cuando termine de agotarse la pista del endeudamiento descontrolado en que se ha cifrado el crecimiento de los últimos años.-

Mayor concentración internacional

La extrema desigualdad ha sido registrada internacionalmente y en América Latina, considerada la región más desigual del mundo, como lo hizo Oxfam en su último informe de finales del año pasado bajo el título “Democracias Capturadas: El Gobierno de unos pocos”.

Según este informe, el 1 por ciento más rico de América Latina y el Caribe concentra el 37 por ciento de la riqueza, 7 puntos más que en el año 2000. El 20 por ciento más rico concentra el 45 por ciento de los ingresos, mientras el 20 por ciento más pobre, sólo alcanza el 6 por ciento de los bienes. La riqueza de 89 latinoamericanos que aparecen en la lista de Forbes con más de mil millones de dólares, es de 440 mil millones de dólares, superando el producto interno bruto de cada uno de los países de la región.
Y las mujeres ganan un promedio del 16 por ciento menos que los hombres, y dedican el doble de horas por día a trabajos no remunerados.

A nivel internacional, el diagnóstico de Oxfam el año pasado sobre la concentración del ingreso es todavía más terrible: el 82 por ciento de la riqueza mundial generada durante el 2017 fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial, mientras el 50% más pobre –3 700 millones de personas– no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento. Y sólo 8 hombres acumulan igual cantidad de riquezas que esa mitad de la humanidad.

Una sociedad más insegura

La preocupación por la concentración de la riqueza en el mundo se ha generalizado en los últimos años, sobre todo después de la crisis financiera del 2008, que la disparó aún más, Hasta algunos de los mayores concentradores norteamericanos, como Warren Buffett, se han adherido al clamor, consciente de que están generando un mundo cada vez más inseguro e insostenible. Los europeos lo han vivido con el terrorismo y los millones de asiáticos y africanos tocando sus puertas, aunque millares hayan convertido el mar Mediterráneo en un inmenso cementerio acuático.

En el mundo desarrollado la concentración y la crisis del capitalismo están reduciendo el estado de bienestar de los últimos 70 años, que amplió la clase media, con expresiones tan desconcertantes como la del brexit en el Reino Unido o el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. Mientras en América Latina la democracia capturada hace aguas, entre proyectos populistas insostenibles e inestabilidad política que abre paso a absurdos como el Bolsonaro de Brasil.

En América Latina la concentración y la desigualdad están vinculadas al gobierno para unos pocos a cambio de una enorme corrupción que permite la emergencia de una plutocracia de nuevos multimillonarios. El efecto demostración, los resentimientos y la exclusión generan delincuencia que permea las instituciones represivas del Estado, configurando un futuro sin seguridad para nadie. La República Dominicana no escapará de esa perspectiva, sobre todo cuando termine de agotarse la pista del endeudamiento descontrolado en que se ha cifrado el crecimiento de los últimos años.

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