Prioridad para educación y salud

Por Juan Bolívar Díaz

En los ámbitos sociales relacionados con la educación y la salud se registra en estos días un sentimiento de frustración porque una vez más esos sectores fundamentales para el desarrollo humano serán preteridos en el presupuesto para el 2006 a punto de ser enviado al Congreso Nacional.

Circulan versiones de que un grupo de consultores y dirigentes sociales relacionados con el sector educativo estaba elaborando un documento para hacerlo público reclamando al presidente Leonel Fernández que atienda los requerimientos de la secretaría de Educación.

Después de ser redactado el comunicado, alguien “con mucho sentido político” les recomendó no hacerlo público, porque supuestamente podría perjudicar los esfuerzos de la titular de la cartera, la doctora Alejandrina Germán, quien de hecho ya se había quejado públicamente de que le habrían asignado sólo la mitad de lo requerido para el próximo año.

Según lo que ha trascendido, la Secretaría de Educación pidió para el 2006 una asignación oficial de unos 38 mil millones de pesos, cifra aproximada al 16 por ciento de lo que sería el presupuesto, estimado entre 220 y 230 mil millones de pesos. Le estarían asignando poco menos de la mitad, según lo declarado por la doctora Germán, es decir unos 18 mil millones de pesos.

Tal cifra apenas representaría el 8 por ciento del presupuesto nacional, la mitad de lo que indica la Ley General de Educación aprobada en 1997, fruto de años de seminarios y reclamos de los expertos nacionales e internacionales. Tal asignación sería la misma proporción que se dispuso para el año que termina, lo que quiere decir que no se da ni un paso adelante en el cumplimiento de la ley.

La salud pública, segunda prioridad señalada en todos los estudios, discursos políticos, programas de gobierno y propuestas, no queda tampoco mejor parada en el proyecto de presupuesto elaborado por el gobierno. Le tocarían unos 9 mil millones de pesos, equivalentes al 4 por ciento, proporción también similar a la asignación del 2005. Tampoco se adelanta un paso.

La frustración es inocultable en los predios del doctor Bautista Rojas, el titular de Salud Pública, quien al igual que la doctora Germán, es de los ministros estrellas del gobierno. Lo que se les promete a ambos apenas dará para la nómina, el desayuno escolar y algunos materiales y medicamentos.

Hoy no voy a citar ninguno de los documentos y estudios que explican el atraso nacional en la escasa inversión en educación y salud pública. Son de conocimiento general. Tampoco los discursos del presidente Leonel Fernández, incluyendo el de su juramentación el 16 de agosto del 2004. Mucho menos sus planteamientos de campaña electoral ni su programa de gobierno.

Se trata de una práctica recurrente. Hace décadas que nuestros políticos y gobernantes reconocen que la educación es el pilar fundamental del desarrollo y la primera prioridad para la inversión. Pero entre el discurso y la práctica hay una distancia abismal.

El doctor Joaquín Balaguer sembró la semilla: durante sus prolongados años de gobierno demostró que la que trasciende, lo que reditúa políticamente es la inversión material, lo reluciente, lo que se puede mostrar en lo inmediato. Y lo que se invierte en educación y salud sólo da frutos a plazos más largos que los que distan entre una elección presidencial y otra.

Como Balaguer fue el mayor éxito político de nuestra historia, en cada uno de los gobernantes que lo han sucedido se ha desarrollado un pequeño balaguerito, con ansias de reproducirlo por encima de todo compromiso programático, de toda racionalidad y de todas las recomendaciones.

Ahora como antes se dirá que los acuerdos con el Fondo Monetario, que la crisis económica heredada y las múltiples demandas no permiten una mayor atención a la educación y la salud públicas. Aunque el gobierno destinará a una sola obra, la del discutido metro capitalino, tanto o más que a la salud pública y más de la mitad que a educación.

Quisiera esta vez estar bien equivocado. Me encantaría que la próxima semana, cuando se conozca definitivamente el proyecto de presupuesto, sus cifras me desmientan absolutamente. Estoy preparado para admitir mi equivocación y darle un crédito, por su coherencia, al ilustrado ciudadano Leonel Fernández Reyna. Que así sea.

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