Por Juan Bolívar Díaz
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Hoy domingo 5 de febrero tendrá efecto la XVIII Asamblea Nacional del movimiento cívico Participación Ciudadana, que aunque fue formalmente constituido en 1993, comenzó a dar sus primeras batallas un año antes, hará pronto dos décadas, y desde entonces ha escrito hermosas páginas de coherencia.

Por vigésima octava ocasión la militancia más activa elegirá un Consejo Nacional de 12 miembros, el cual a su vez escogerá luego un coordinador nacional. Cada año han aparecido suficientes personas con coraje para continuar este ejercicio de ciudadanía. La permanencia en el Consejo está limitada a dos años consecutivos y la del coordinador a uno para evitar que, siguiendo la inveterada cultura nacional, alguien la quiera utilizar como escalón personal. Y el éxito ha estado a la vista de todos: decenas de ciudadanas y ciudadanos han sido parte del Consejo Nacional que ha tenido  16 coordinadores y sólo dos han repetido con intervalo de tiempo cuando no apareció un voluntario con posibilidad de asumir una tarea que demanda dedicación, a veces de tiempo completo, sin recibir la menor retribución, ni siquiera por uso de su vehículo y combustibles. Por el contrario, siguen pagando su cuota mensual.

Cuando PC salió a la luz pública abundaron los vaticinios de que pronto sería un nuevo partido, o apéndice de uno de los existentes, o que sus promotores se lanzarían de candidatos o a la búsqueda del liderazgo político. Los fundadores juraron que no era la intención, y dos décadas después parece que han cumplido sobradamente. Sigue siendo una institución independiente y ninguno de sus dirigentes se ha postulado a nada. Sólo cinco o seis pasaron legítimamente a ser funcionarios públicos, todos en los tres gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana, ninguno en los cuatro años que gobernó el Partido Revolucionario Dominicano.

De varias decenas que han integrado los equipos técnico-administrativos sólo cuatro han pasado a funciones públicas, contratados por la Cámara Administrativa de la Junta Central Electoral bajo la presidencia del doctor Roberto Rosario, uno de los cuales es titular del organismo, el abogado y politólogo José Ángel Aquino.

En los principios de PC está la coordinación y colaboración con los poderes públicos y con los partidos políticos, porque son instituciones fundamentales del sistema democrático. Y la ha alcanzado en innumerables eventos y pactos, en la formación de cerca de dos mil nuevos líderes, en la observación de sus procesos eleccionarios internos. Los pactos han abarcado a la JCE, el Consejo Nacional de Reforma del Estado, la Suprema Corte, el Ministerio Público, las cámaras legislativas y numerosos ministerios y entidades estatales.

Pero Participación Ciudadana fue fundada para promover la democracia de ciudadanía, para luchar por el fortalecimiento de la institucionalidad democrática, por la transformación del primitivo sistema electoral, para luchar contra el fraude electoral y la corrupción en todas sus expresiones. Y ha sido tan coherente que ganó un gran reconocimiento nacional e internacional, incluido el de la generalidad de los partidos, cuando no están en el poder.

En estos días desde el PLD se trata de descalificar los planteamientos por la transparencia electoral de PC, que no son diferentes, por ejemplo, a los del período 2000-04 cuando gobernaba el PRD y la entidad promovía una Coalición por la Transparencia y la Institucionalidad que tanto contribuyó a evitar excesos. O cuando hacía vigilias hasta nocturnas ante el Congreso rechazando una contra-reforma continuista, o cuando pedía al presidente Mejía que tomara una licencia para evitar involucrar al Estado en su campaña reeleccionista. Sobran los ejemplos a citar, pero el espacio se acaba. Participación Ciudadana ha sido tremendamente coherente.