¡Ay si nos dieran un chance!

Por Juan Bolívar Díaz
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Virgilio Gautreaux es de esos comunicadores que aprovecha las posibilidades del Internet para bombardear la conciencia ciudadana con ocurrencias de todos los calibres, como la de esta semana donde pregunta qué pasaría en el país si se eliminara una serie de instituciones estatales que sólo sirven para succionar gran parte de los recursos que deberían destinarse a la educación, la salud pública, la vivienda y otras prioridades del desarrollo humano.

 Él comenzó por pedir la eliminación de unos seis ministerios, de organismos inoperantes como el Inespre y el Instituto Agrario, superintendencias que nada supervisan como la de Electricidad y Seguros. También quiere economizarse lo que se paga a todos los ministros sin carteras y los 140 viceministros.

 Gautreaux amplía su sueño a que se reduzcan al 50 por ciento los cargos diplomáticos y consulares y los de embajadores adscritos y a que se dejen sin efecto las designaciones de cientos de funcionarios en las embajadas dominicanas, que no realizan ninguna función. Simplemente se les mantiene en el exterior.  Así mismo reducir el número de alcaldías, regidurías y legisladores, estableciendo sólo dos diputados por  provincia, lo que limitaría esos representantes a un tercio de lo que tenemos, que ya son 183.

 Plantea también la reestructuración de múltiples organismos públicos, fusionándolos, la reducción de personal en todos los ámbitos de la administración pública, incluyendo las instituciones descentralizadas, así como la eliminación de todos los cargos clientelares, sin dejar cabeza de miles de periodistas, asesores de imagen y relacionistas públicos.

 La comunicación de Virgilio Gautreaux puede haber llegado a límites radicales, pero en términos generales supondría una alta racionalidad en el uso de las contribuciones de la ciudadanía, acopiando recursos para la educación masiva de los dominicanos y dominicanas, único camino que nos podrá conducir por las sendas del desarrollo humano, sin exclusiones masivas.

 Leyendo la propuesta cualquiera cae víctima de la utopía y se pone a plantear ¡ay que pasaría si nos dieran un chance! Si pudiéramos implantar un gobierno que persiga activamente la corrupción, que exija a todos los funcionarios  justificar las riquezas que acumulan, que renuncie a utilizar los recursos públicos para prolongarse indefinidamente en el poder.

 ¿Qué pasaría si llegara al poder un grupo de utopistas capaces de mantener los principios y planteamientos de las campañas electorales, que no se transfiguren en potentados tan pronto ganan una elección, que sean coherentes entre sus planteamientos públicos y su vida privada?

Este país necesita otra generación de militantes políticos con capacidad para imponer un nuevo liderazgo sin avasallar las disensiones ni pretender unanimidad, con respeto de la diversidad, con filosofía de inclusión con convencimiento de que “lo que importa no es llegar solo y de prisa, sino con todos y a tiempo”.

Pero sobre todo, -¡ay Virgilio!- esta nación necesita cuatro o cinco presidentes consecutivos que se dediquen a solucionar los problemas de hoy, no a gobernar en función de quedarse para siempre. Que se sientan felices de sembrar la semilla de la educación, de la seguridad social y la salud, aunque los frutos no broten en cuatro o cinco años y no puedan ser inaugurados.

¡Ay si nos dieran un chance! Qué pena Virgilio que el pragmatismo político lo esté abarcando y dominando todo y que todos estos sueños parezcan cada vez más utópicos. Y sobre todo qué pena que los más desposeídos no puedan rebelarse ante tanta ignominia.

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