PLD y PRD tras pacto con Balaguer

Por Juan Bolívar Díaz

         El insustituible líder del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) podrá hacer cualquier apuesta en las próximas diez semanas y como quiera saldrá ganando, ya que los otros dos partidos mayoritarios, incluido el de gobierno, girarán en torno a él hasta que venza el plazo para registrar alianzas con miras a los comicios de mayo próximo.

          Las recientes visitas de líderes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) al doctor Joaquín Balaguer insuflan nuevas energías a la naturaleza política de este extraordinario caudillo que ha doblegado a sus contrincantes de varias generaciones.

           Mientras tanto, la elección de los candidatos de estos dos partidos para los comicios legislativos y municipales está condicionada por las negociaciones que desde ya se encaminan para buscar un pacto político, las que siguen dependiendo de la voluntad individual de Balaguer, lo que a su vez castra las posibilidades de vuelo de los suyos.

Una sola basílica

            Por más que duela a quienes durante décadas han adversado la autocracia balaguerista, que ha tenido sobradas expresiones en el ejercicio de gobierno como dentro de su propio partido, no se puede negar la extraordinaria capacidad del caudillo para mantenerse vigente en el drama político nacional, pese a sus 95 años, a su ceguera y a su virtual parálisis física.

            En el lapso de dos semanas Balaguer ha recibido la visita del líder del PLD, el ex-presidente Leonel Fernández, y del presidente Hipólito Mejía y los dirigentes perredeístas Hatuey de Camps y Rafael Suberví Bonilla. Ambos encuentros han estado vinculados a los comicios de mayo próximo.

            A raíz de la visita de Fernández, el 27 de noviembre, se llegó a publicar que éste y Joaquín Balaguer habían acordado candidaturas comunes en casi todas las provincias, cosa que fue rápidamente rechazada por los reformistas. El propio Leonel Fernández desmintió la especie, pero de cualquier forma quedó patente el interés del partido morado por restablecer sus relaciones con el líder colorado.

            Esas relaciones estuvieron congeladas desde la campaña electoral pasada cuando fracasaron los intentos de acercamiento de los peledeístas a los reformistas. Ahora, como ocurrió para las elecciones congresionales y municipales de 1998, los seguidores de Juan Bosch han vuelto a hacer público su interés en un pacto con Balaguer.

            El pasado lunes, justo a las dos semanas de su encuentro con Fernández, Balaguer recibió la visita del presidente Hipólito Mejía y los dos máximos dirigentes perredeístas. Aquí quedó más obvio que hablaron de la posibilidad de candidaturas comunes. Así lo han declarado los dirigentes perredeístas.

            Después de esta junta, quedó claro que perredeístas y peledeístas se disputarán el amor de Joaquín Balaguer seguramente hasta el mismo 2 de marzo próximo, cuando concluye el plazo para registrar alianzas para las elecciones del 16 de mayo próximo y se verán nuevas peregrinaciones a la basílica de la Máximo Gómez 25.

            El artículo 62 de la Ley Electoral establece que las alianzas, pactos o fusiones deberán ser registradas en la Junta Central Electoral a más tardar 75 días antes de los comicios. El tribunal tiene en su agenda reunirse el 7 de marzo para conocer las solicitudes y pronunciarse antes del 17 de ese mes, fecha en que vence otro plazo, el de inscripción de candidaturas, 60 días antes de los comicios, según la ley.

Una de cal y otra de arena

            Los reformistas tienen razón para mostrarse orgullosos de su líder y para proclamar su reivindicación ante los hijos políticos de Juan Bosch y José Francisco Peña Gómez, sus mayores contrincantes de por vida, quienes no sólo abjuraron de los métodos balagueristas de hacer política, sino que lo acusaron de recurrir el fraude y las tramperías para alcanzar el poder y mantenerlo.

            El nonagenario político debe su supervivencia política a los líderes de los dos partidos que le han disputado el poder. En los años sesenta fueron la intervención militar norteamericana y la intensificación de la guerra fría los factores determinantes de que pudiera volver al poder tras su asilo de 1962. En 1985 las luchas intestinas del perredeísmo lo resucitaron y condujeron de regreso al poder, cuando el PLD hacía una oposición más radical.

            A partir de 1994 y con la introducción del 50 por ciento como requisito para ser electo presidente, Balaguer pasó a ser árbitro supremo. El Frente Patriótico, con el abrazo que reunió a balagueristas y peledeístas, consagró la nueva etapa del caudillo, que ya cuenta pocas posibilidades de volver a la presidencia de la nación.

            Peña Gómez se negó al acercamiento con Balaguer que le propusieron y el caudillo metió brazos y manos para impedirle el triunfo electoral en los comicios de 1996 cuando él no pudo repostularse en virtud de las reformas constitucionales con que se selló la crisis política del 94.

            A partir de ahí el realismo político llevó a peledeístas y perredeístas a disputarse el favor del caudillo hasta el día de hoy, estableciendo su residencia de la Máximo Gómez como el lugar preferido de las peregrinaciones políticas.

            En los comicios de 1998 ni en los del 2000 hubo alianza y cada uno de los tres partidos mayoritarios llevó sus propias candidaturas. Sin embargo, fue obvio que los reformistas y el mismo Balaguer tuvieron entonces mayor sintonía con el PRD, aparentemente por haber quedado frustrados por el trato que les brindó el gobierno del PLD que ellos habían contribuido a crear.

            Pero orgullo a parte, los reformistas cosechan desventajas del protagonismo en que sus opositores mantienen a Balaguer. La primera es que el caudillo se reafirma y cierra el paso a la emergencia definitiva de un nuevo liderazgo, sembrando desconcierto.

             Segunda: el solito sigue tomando las decisiones a nombre del partido, haciéndole girar en torno a su eje, lo que provoca frustración y frena el desarrollo de una estructura democrática más competitiva.

            Y la tercera es que quien hace de juez no batea ni anota carreras y en consecuencia tiende a ser considerado como fuera de competencia.

Motivos para pactar

            Cada uno de los tres partidos mayoritarios tiene sus motivos para intentar pactar con otro. El menos urgido sigue siendo el PRD y el más el PLD, puesto que sus simpatías parecen más amplias precisamente en los mayores centros urbanos, donde tiene que competir con su rival perredeísta, históricamente afianzado en ellos. El reformismo mantiene hegemonías en regiones y provincias específicas, como Elías Piña, La Altagracia, y San Pedro de Macorís.

            Aun descontando el desgaste que produce el ejercicio del gobierno cuando hay tantas deudas sociales y económicas pendientes, si cada uno de los partidos se va por su lado, el PRD podría mantener una cómoda ventaja en los comicios de mayo próximo, según la percepción generalizada y las encuestas.

            Se descarta que pueda repetir la barrida de 1998, cuando ganó 24 senadurías, más de la mitad de los diputados y 95 de los 115 municipios, pero mantiene fuerzas para hacer un papel airoso.

            Aunque la última encuesta Hamilton para HOY lo colocó en ascenso, el PLD es el primero consciente de sus dificultades para competir con sus propias fuerzas contra los dos partidos más tradicionales. La apertura a la masificación decidida en su congreso de principio de año, tiende a darle el aliento necesario para valerse de sus propias fuerzas.

            El reformismo que las encuestas tienden a relegar al tercer lugar, tiene que aprovechar el cortejo de los otros dos para sacar ventajas con una alianza puntual, es decir en aquellas provincias donde carezca de fuerzas para imponerse por sí solo. No le conviene una alianza total ni con el partido de gobierno ni con el que le disputa el segundo lugar en las preferencias electorales.

Deshojando margaritas

            Como Balaguer es un hombre sin prisas ni tiempo llegará hasta finales de febrero sin tomar decisión, deshojando margaritas para ver si pacta con el perredeísmo o con el peledeísmo, apostando a quien le ofrezca más.

            Parece que dirigentes y militantes de su partido prefieren al PRD, pues se han entendido mejor con su gobierno que con el del PLD. Pero en términos de candidaturas congresionales y municipales el peledeísmo tiene menores exigencias y puede ofrecer más.

            Los perredeístas cuentan con una ventaja competitiva, y es que al tener el poder pueden compensar de otras formas, por ejemplo, ofreciendo o manteniendo puestos en el tren gubernamental y garantizando el control de una de las cámaras legislativas.

            Aunque para los reformistas es vital quedar bien en los comicios para buscar colocación con miras a la presidencia dos años después, para ellos puede ser vital, por el momento, buscar la segunda posición, lo que los puede inducir al pacto con el PRD en detrimento del partido morado.

            Ello dependerá también del grado de deterioro o éxito que tenga el gobierno en las encuestas a fines de febrero. Porque a los colorados tampoco les conviene aparecer aliados de un partido en retroceso, aunque conserve el control del gobierno.

            Por el momento, el PLD ha reservado las senadurías de 25 provincias y las alcaldías de igual número de municipios, cabeceras de las mismas, para fines de pacto. Los perredeístas están a la zaga pues no han podido ni siquiera ponerse de acuerdo en cuanto a la fecha para celebrar sus convenciones. Los reformistas están eligiendo en todas partes, pero todos están conscientes de que al final solo Balaguer tomará las decisiones.-

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